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El Mejor Alcalde… del Mundo

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_azkuna_2d97feaeSi quieres ser feliz, de verdad, haz todo lo mejor que puedas. Para ser feliz un día, gana la lotería; pero para serlo siempre, ama lo que haces. Este es el truco: esfuérzate por ser el mejor.   Bilbao siempre ha tenido alcalde ‘propio’: fanfarrón, txikitero, bilbotarra, del Athlteltic… pero cambiaba cada cuatro años y no duraba. Sólo Josu Ortuondo nos duró ocho años. Sin embargo, Azkuna llegó para quedarse.   Universitario rebelde en Salamanca, muy suyo e independiente, como buen vasco, marcó raudo su impronta y creó su estilo propio: sin imposiciones ni fijezas, totalmente seguro de sus principios. Iñaki Azkuna rompió todos los moldes: fue siempre lo que él quiso, e hizo lo que él decidió.  

  • Doctor cum laude en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca.
  • Profesor de Medicina Física y Radiología en la Universidad del País Vasco en Bizkaia.
  • Médico Cirujano especialista en cardiología y radiología en Bilbao (1973-1982),
  • Asistente en el Hospital Broussais, de la Universidad de París.
  • Director del Hospital Central de Bizkaia en Baracaldo, Cruces.
  • Autor de “Radioangiografía de las cardiopatías” y de “Tratado de Cardiología”.
  • Director general de la Sanidad Pública Vasca Osakidetza en su fundación.
  • Consejero de Sanidad y Secretario de la Presidencia del Gobierno Vasco (1991-1999).
  • En Periodismo, Presidente del Consejo de Administración de la editorial del diario Deia.
  • En Urbanismo, Presidente de la Sociedad para la regeneración del Bilbao Ría 2000.
  • En Puertos, Presidente de la Red Mundial de Ciudades Portuarias (AIVP 2002-2005).
  • Gran Cruz en la Orden Civil de Sanidad, y Caballero de la Legión de Honor en Francia.
  • Esposo (su mujer, Anabella Domínguez, murió en 2012), padre y hasta abuelo.
  • Mejor Alcalde del Mundo, con el Premio de la Fundación City Mayor (2012).

  Nació en Durango, Bizkaia, en 1943. Pero la meta de su vida era llegar a ser Alcalde de Bilbao, como así lo fue, de 1999 a 2014. Con dedicación plena y entusiasmo, sin sectarismo: Alcalde de todos, anteponiendo su sentido común a la política. Actuó libremente y sin complejos: se negó a retirar del consistorio los retratos de los anteriores alcaldes nombrados por Franco, porque «Hay que respetar la historia, aunque moleste».   Transformó Bilbao, de una ciudad industrial agónica, en un centro vivo para el turismo internacional y las artes. Hizo un profundo lavado de cara a la ciudad, ante la admiración de propios y extraños: creó el Museo Guggenheim, el nuevo San Mamés, el Tranvía que rodea la ciudad, Zorrozaurre, Centro Cultural de la Alhóndiga, Teatro Campos, Miribilla, el nuevo Mercado de La Ribera… Aún le faltaba abrir el canal de Deusto, o dedicarle un puente más en la ría a su admirado Frank Ghery.   Fue un vasco elegante de ‘foulard’ parisién y con txapela color ‘azul Bilbao’ bien puesta, nacionalista sin complejos. Su enorme tirón popular, directo, socarrón y firme, le hizo un hombre especial en todo: en su concepción del servicio público al servicio de la gente: igual médico, que político, cualquier vecino le paraba por la calle, pues conectaba con todos poniéndose a su altura. Pensando a lo grande, creó un nuevo concepto de ciudad. Visitaba los barrios para comprobar la limpieza de las calles y las papeleras.   Modélica su gestión económica: transparencia total y déficit cero, sin deuda alguna. Carácter directo, sin pelos en la lengua, combinaba socarronería y fanfarronería con la crítica más clara… granjeándose la simpatía de todos. Antepuso el interés de la ciudad, al de los partidos políticos -incluido el suyo, PNV-.   Amó y transfiguró la ciudad de Bilbao, moldeándolo durante tres lustros, divulgándola por el mundo. Quería que una mujer le sucediera como alcaldesa. Logró reconvertir, pedagógicamente, la mentalidad ciudadana, abriéndola a una visión universal. Transmitió como pocos el orgullo de ser ‘bilbaino’. En todo acto público, contagiaba su afán de avanzar y de cambiar, de saber adaptarse a los nuevos tiempos.   Enemigo de la autocomplacencia, con espíritu incansable, ni la enfermedad le forzó a parar. Juan Carlos I le visito en su casa, hace unos días: sin ser él para nada monárquico, eran muy buen amigo del Rey.   – Iñaki Azkuna, como bilbaino y botxero que soy, de corazón te digo, bien seguro de que me oyes:

“Alkate Jauna [Señor Alcalde]: Gracias por tu inmenso ejemplo. Goian bego! [Descansa en paz].”

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