PUBLICIDAD

A ciegas

|

Anoche pude ver el último estreno de Netflix, una película titulada A ciegas. En ella, Sandra Bullock interpreta a una mujer que, después de haber presenciado la invasión de la Tierra por parte de una extraña raza alienígena, debe huir con los ojos vendados (cada vez que alguien ve a dichos seres, le entra un irrefrenable deseo de morir). Para ello, se echa al río con dos niños y busca una comunidad de supervivientes con los que ha contactado y que le han prometido su auxilio.

Al principio, parece una premisa un tanto infantil (o juvenil), dirigida a un público poco exigente. Pero, a medida que uno va profundizando en ella, descubre que se trata de otra maniobra de Netflix para inocular en el espectador toda la droga de lo políticamente correcto: homosexualidad, tolerancia, igualdad, feminismo… y, por supuesto (¡y que no falte!), la demonización del hombre blanco, presentado aquí como un varón homófobo, bebedor, cristiano y portador de armas (no sale en la película, pero seguro que es votante de Trump). De esta manera, y como el espectador mayoritario será el juvenil, más acomodaticio que el adulto, absorberá sin problema todo lo que se le plantee.

Como película, podemos sacarle algún jugo, puesto que, aunque beba indisimuladamente de Un lugar tranquilo (muy, muy recomendable), tiene entidad propia (la presentación del caos progresivo en el que se va sumiendo el planeta, la relación entre los personajes -encerrados en una casa, al más puro estilo El ángel exterminador, de Luis Buñuel-, etcétera). Pero está tan preocupada en contentar a las supuestas minorías raciales y sociales que se mete por sí sola en vericuetos inextricables, dejando a un lado todo el potencial del que podría haber gozado. Para que nos entendamos: prefiere mostrar que los hombres negros son tan buenos como los blancos (eso nadie lo discute) antes que centrarse en una relación real entre dos personas con problemas diferentes a los que la adversidad une, por ejemplo.

En cierta ocasión, Federico Jiménez Losantos, con ese arrojo que le caracteriza, afirmó sin tapujos que Netflix está dominada por la extrema izquierda. Otras veces he leído noticias sobre la vinculación de Soros a dicha plataforma, que sería usada por él para educar a la gente en la ideología de género y otros menesteres (la sombra de Orwell y 1984 es alargada). Reconozco que a veces me ha parecido una exageración y hasta cosa de ingenuos, pero empiezo a pensar que el exagerado en ingenuidad era yo.

Si queréis leer la crítica completa, pinchad aquí  

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *