Un viaje a Tierra Santa. Tercer día

Un viaje a Tierra Santa. Tercer día

Monte Bienaventuranzas
El Monte de las Bienaventuranzas
A orillas del Mar de Galilea se alza el monte de las Bienaventuranzas, el lugar donde dio Cristo ese discurso que nos relata el capítulo 5º del Evangelio de San Mateo. Es aquí donde hacemos nuestra primera parada de hoy. A diferencia de en otros lugares santos, aquí se ha respetado el entorno natural y se conserva tal cual estaba en la época de Jesús, con lo que resulta más fácil imaginar al Señor en su paso por estos campos.
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Bienaventurados los pobres de espíritu..
Lo único que se ha construido es una Iglesia de planta octogonal, y en cada una de las aristas está escrita una de las ocho Bienaventuranzas, el nuevo paradigma moral que nos propone Jesucristo.
La moderna Basílica de 1929
La moderna Basílica de 1929
Alrededor de la Iglesia multitud de altares permiten la celebración de la Eucaristía por grupos, al aire libre, viendo el lago desde donde lo veía Cristo mientras enseñaba a sus discípulos. ¿Cuántas veces habrá rezado Jesús desde estas piedras? ¿Acaso no son estos campos por los que paseaba Cristo cuando se alejaba del ruido de Cafarnaúm?
Bienavneturanzas
El lago desde el Monte de las Bienaventuranzas
Hoy se sabe que las Bienaventuranzas no tuvieron lugar donde se alza la moderna basílica, sino algo más abajo, casi a orillas del lago, pero cuando Antonio Barluzzi llegó al lugar pensó que la gente no entendería el pasaje evangélico de “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos” si erigía la Iglesia abajo. Cuando Jesús oyó que Juan el Bautista había sido encarcelado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret se fue a vivir a Cafarnaún.
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Excavaciones arqueológicas en el emplazamiento real de las Bienaventuranzas
Ahí es donde nos dirigimos al salir del lugar de las Bienaventuranzas, a la ciudad donde vivió Cristo durante 20 meses, aquí desarrolló su vida pública e hizo varios milagros, entre ellos el del paralítico que entró por el techo y el de la suegra de San Pedro, este último un milagro imperdonable para nuestro guía… Debían ser de cabeza dura los de Cafarnaúm, muy arraigados a lo físico, por eso cuando Cristo les dijo que “comerían su carne y beberían su sangre” se lo tomaron al pie de la letra, y de 120 discípulos se quedó con 12.
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Ínsula y Sinagoga en Cafarnaúm
Aun siendo una ciudad pequeña, se encontraba en la Via Maris, la principal ruta que comunicaba Damasco y Egipto, por eso era lugar de paso de muchos viajeros, a los que un publicano llamado Mateo cobraba el tributo por entrar en la ciudad. “Ay de ti Cafarnaúm” le dijo Cristo. Hoy no queda piedra sobre piedra, hoy el ruido de pescadores repartiendo el pescado ha sido sustituido por el estruendo de los cazas que sobrevuelan la ciudad y el lago constantemente.
Cafarnaum
Casa de Pedro, donde quizá se hospedaba Nuestro Señor
Bordeando el lago hacia el oeste llegamos a Heptapegon, un recinto que fue testigo de uno de los milagros más espectaculares de Nuestro Señor: La Multiplicación de los panes y los peces. Al entrar en la Iglesia hay un mosaico del siglo IV muy conocido. En él aparecen cuatro panes y dos peces. ¿Y el quinto pez? Es la Eucaristía, nos responde Musa.
Mosaico
¿4 panes y 2 peces?
Una conclusión saco de la visita a este lugar, Cortés, el dibujante blasfemo de Religión Digital, no ha estado aquí. Sólo así se explica que se hiciera esta pregunta ignorando que toma su nombre de las 7 fuentes que lo rodean.
Cortes
Cortés no ha estado en Tierra Santa…
Los benedictinos que custodian este lugar han querido poner nuestras intenciones en su altar, como hicieron ayer los Franciscanos en el Tabor. Justamente al lado del Heptapegon se encuentra Mensa Christi, custodiada por los franciscanos. Esta piedra es el lugar donde Cristo ya resucitado esperaba a sus discípulos en la orilla cocinando (Leer el Capítulo 21 de San Juan).
Heptapegon
El lugar de los siete manantiales
Cuando Pedro vio la fogata de la que habla el Evangelista, le recordó a otro fuego que había visto unos días antes, cuando había negado a Cristo.
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La Roca donde habría cocinado Cristo ya resucitado
Saliendo de este recinto me encuentro con este cartel, sobre el animalillo que os contaba ayer. Se llama Hyrax. ¡Parece que sí que sale en la Biblia!
Primado
Iglesia del Primado de Pedro
Cerca de un Kibutz (que por cierto es algo alucinante de lo que hablaremos en otra ocasión) alquilan barcas para dar un paseo por el lago. Habría sido bonito tener una Adoración al Santisimo en una de esas barcas, pero por problemas logísticos ha sido imposible. Sí que hemos tenido un rato de oración en medio del lago, en silencio, en una de esas barcas.
Hyrax
Rock Hyrax, el extraño animal del lago
¿Cómo sería la tempestad que vieron los Apóstoles para que se asustaran tanto, si desde cualquier punto del lago se puede llegar nadando a la orilla?
Barca
Una barca en medio del lago de Tiberiades
Dejamos Galilea para continuar con la segunda parte de nuestra peregrinación, a Judea. Eso sí, después de probar la Tilapia, el pez que pescaba San Pedro. Pura espina… Después de 2 horas de desierto llegamos a sólo 2 kilómetros de Jerusalén, donde se encuentra Betania, otra ciudad para olvidar, si no fuera por el milagro de la Resurrección de Lázaro.
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Betania, el lugar de la Resurrección de Lázaro
Precisamente a la entrada de la ciudad se conmemora el lugar donde Santa Marta le dijo a Nuestro Señor: “Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”. La tumba de donde salió Lázaro se encuentra ahora tapada. Saliendo de Betania llegamos a Jerusalén. Cantamos el salmo 121 y llegamos a nuestro alojamiento.
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«Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria»
Por la noche, después de cenar, bajamos por la Vía Dolorosa hasta el Muro de las lamentaciones. Un montón de judíos ortodoxos se golpean contra el muro mientras recitan la Torah, eso sí, separados de las mujeres, “seres impuros”…
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Muro de las lamentaciones por la noche

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