El Quinto Evangelio de Biffi (III)

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maria-de-betaniaY seguimos con el quinto Evangelio, de Biffi. Ahora el capítulo 12 de San Juan. (Sobre el Quinto Evangelio) Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que iba a entregarle, dijo:  ¿Por qué este perfume no se ha vendido por trescientos denarios, para  dárselo a los pobres? Jesús dijo entonces: Déjala; ¿para el día de mi  entierro es para cuando lo había de guardar? A los pobres los tenéis  siempre con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre (Jn 12, 4-8). * Y Jesús dijo a María, la hermana de Lázaro: ¿Un perfume de tres cientos denarios no hubiera sido mejor venderlo para darlo a los pobres?  Judas murmuró: ¡Caramba! Eso es precisamente lo que yo iba a decir. Gracias a Dios se van difundiendo entre los cristianos la convicción  de que es necesario economizar al máximo los gastos del culto, para que aparezca más luminosa la primacía de la pobreza y de la caridad entre los  discípulos de Cristo. Con todo, los educados en un clima de triunfalismo podrían suscitar algunas objeciones a este propósito. Se podrían, por ejemplo, extrañar de que un joven exija de los obispos a grandes voces que manifiesten su consagración a Cristo con una cruz de madera, y por otro lado no considere la madera materia adecuada para expresar su amor de esposo. Pero es una extrañeza absurda: el afecto que liga a los novios y a los esposos es algo verdaderamente serio y es lógico que sea expresado con oro y diamantes. O quizá se podría encontrar ridícula la costumbre implantada hoy entre los sacerdotes más abiertos y mentalizados de economizar —en nombre de la austeridad evangélica— flores, luces, ornamentos, y en cambio no escatimar cigarrillos, whisky, cerveza y (¡lástima!) Coca-Cola para el soporte y mantenimiento de las interminables discusiones sobre los daños que causa la Iglesia de los ricos. Pero encontrar esto ridículo es no tener estructurada una exacta jerarquía de valores. Así, habrá incluso quien se atreva a defender las inmensas, superadornadas iglesias del pasado so pretexto de que a fin de cuentas era todo el pueblo el que, a pesar de vivir en tugurios, las quería grandes y magníficas porque se sentía satisfecho de tener una casa de Dios —y por tanto una casa de los hijos de Dios— que con su magnificencia les recordara su destino gozoso y el profunda significado de su existencia dolorosa. Las piedras contra las catedrales no las han tirado nunca los que vivían en chozas de madera con pavimento de tierra apisonada, sino los que, sin haberlas construido, y rodeados de mármoles y cerámicas en sus propias casas, saben resistir victoriosamente esa fascinación y superar esa insidia sutil. Los antiguos pensaban que era preferible vivir el desprendimiento de los bienes en su morada y encontrar en el templo la satisfacción del deseo de belleza y grandeza. Más sabiamente entiende la civilización moderna que a cada lugar hay que darle una ambientación de acuerdo con su razón de ser: la casa de Dios debe proclamar la pobreza evangélica, y la nostalgia del hombre por un ideal de vida luminoso encuentra su más alta expresión en la mayólica y los cromados de los servicios higiénicos. Sin embargo, el argumento principal de los triunfalistas era de carácter bíblico: la reprobación lanzada contra María, la manirrota, por los trescientos denarios derramados en homenaje afectuoso a Cristo, aparecía en los evangelios tradicionales como un sentimiento mezquino del corazón sin amor de Judas, el único del grupo capaz de hacer cálculos. Hete ahora aquí que resulta evidente según este fragmento que las antiguas narraciones son tendenciosas: en realidad, el maestro era de la misma opinión que el más sensato, prudente y caritativo de sus discípulos. Es verdad que después lo traicionó; pero, no seremos nosotros los que osemos, en este clima de apertura ecuménica, condenar por un solo error todos los hechos y pensamientos de la vida de un hombre.

Comentarios
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  1. Objeción, nosotros no estamos juzgando a judas como traidor, lo condenó Nuestro Señor Jesucristo directamente, «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido. » mateo 24: 27…..66. la cita del evangelista, está tomada de esta misma web. El jefe del blog, comenta que judas era «el único capaz de hacer cálculos». A que se refiere a ¿las treinta monedas que el mismo le pidió a los fariseos por entregarles a su maestro Jesús?

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