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Michael Collins

Aquella noche de Reyes

Gabriel Ariza
5 Enero, 2016

Yo no me merecía nada. Aquella noche llegué a casa con las manos heladas después de ver en la cabalgata, a muchos metros, a mis héroes (en realidad mi único héroe siempre fue Gaspar, ni el primero, al que todos recuerdan, ni el negro, al que todos reconocen. Gaspar, el discreto, el secundario, el que abrazó con todas sus fuerzas al Rey de Reyes cuando era un recién nacido…). Lo preparé todo, pensando en la vergüenza que pasaría al día siguiente al ver mis padres y hermanos que a mí no me traían nada, a pesar de las insistencias de mi madre: “Fundamental poner los zapatos en el salón”. “Que no se os olviden las copas de cava para ellos, la cerveza para los pajes y el barreño de agua para los camellos”. Nada, yo no tendría nada, no merecía nada. Nada. Después de cómo me había portado ese año… Traté de dormir, pero no conseguía quitarme de la cabeza las peleas con mis hermanos, todas las veces que había desobedecido a mis padres desde el año anterior,… ¡Cómo nos enseñan los Reyes a hacer examen de conciencia! A la mañana siguiente, al abrir la puerta del salón y ver tantos regalos, lo entendí. Todo es gracia.

Gabriel Ariza


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