La tentación del sentirse “ESTRELLA”

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procesión de entrada Salvando la buena fe que todos tenemos cuando nos acercamos a la celebración de la eucaristía valga esta pequeña reflexión sobre la procesión de entrada. Desde mi llegada a Roma, por estudios, intento participar lo más a menudo posible en la eucaristía de los domingos a las 10,30 en la Basílica de S. Pedro. Domingo a domingo no deja de llamarme la atención que durante la procesión de entrada, que se hace de modo bien solemne y bella todo sea dicho, los visitantes, fieles y curiosos se agolpan en el trayecto por donde pasa la procesión disparando sus cámaras fotográficas. Me recuerda, inevitablemente, a momentos vividos cuando llegaban los jugadores de mi equipo de fútbol o cuando se ve en la TV cómo las fans se agolpan para intentar sacar la mejor instantánea de su cantante favorito. Salvando las distancias ya que en San Pedro se disparan los flashes pero hay un silencio y respeto admirable. Entiendo que hay expectación por si aparece el Papa o algún cardenal más o menos mediático, conocido. Pero no solo he podido apreciar lo de las fotografías en el trayecto. También es interesante observar cómo algún sacerdote que se une a concelebrar llegado a Roma en peregrinación con su grupo va saludando durante el trayecto a sus compañeros de viaje emocionados como diciendo “estoy concelebrando nada más y nada menos que en el Vaticano”. Hasta aquí lo experimentado domingo tras domingo en San Pedro. Pero ¿realmente somos conscientes, laicos y sacerdotes, del significado de la procesión de entrada en una eucaristía? Dice el número 47 del IGMR: “Estando el pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros, se da comienzo al canto de entrada. La finalidad de este canto es abrir la celebración, promover la unión de quienes se están congregados e introducir su espíritu en el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, así como acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.” La entrada solemne en la asamblea de los ministros no es la entrada de la “estrella invitada” ni un simple desplazamiento de la sacristía al altar. Recordemos lo que nos ha dicho el nº 47 anteriormente citado: la finalidad del canto es ABRIR la celebración, PROMOVER la unión de los congregados e INTRODUCIR su espíritu al misterio que celebramos mientras ACOMPAÑA la procesión. La procesión es un hacer camino ya en oración y celebración. Caminamos al encuentro del Señor como peregrinos en esta tierra. Y el presbiterio asume el lugar simbólico del encuentro definitivo con el Señor. Visto así no parece muy adecuado o lógico ni las fotos buscando “estrellas” ni el momento de ir saludando a los amigos y conocidos ya que no es Juan o Pedro que hacen su entrada triunfal sino el pueblo que camina al encuentro con quien realmente ha triunfado: Jesús. En el “Caeremoniale Episcoporum” (ceremonial de los obispos) nos dice en el número 128: “el obispo, que va solo, lleva la mitra y el báculo pastoral en la mano izquierda, mientras bendice con la derecha”. También a los concelebrantes y ministros se les pide en el número 107 que “mientras van caminando o están de pie, tienen las manos juntas, a no ser que tengan que llevar algo”. Es bueno tomar conciencia que celebramos con todo nuestro ser, alma y cuerpo, y no solo oramos con palabras sino que también expresamos con nuestros gestos y actitudes. Por este motivo, no es lo mismo estar en la procesión de la eucaristía que esperando en la cola del cine. Nuestros gestos corporales expresan exteriormente cómo vivimos interiormente la celebración. Sin caer en fanatismos ni rubricismos que mucho se alejan de la caridad a la que estamos llamados por el mismo Jesús. Pero sin relajarnos ni infravalorar lo que estamos celebrando en la eucaristía que es algo maravilloso.

Comentarios
0 comentarios en “La tentación del sentirse “ESTRELLA”
  1. Estimado P. Juan Molina:

    Le escribo por primera vez a pesar de que le sigo desde hace tiempo. Tiempos en donde, quizás erroneamente por mi parte, le juzgaba y pensaba que «nada bueno puede salir de Samaria»…

    Me equivoqué y pido disculpas. Y como yo también acudo con frecuencia a Misa a S. Pedro (no a la de 10:30 pero si a las 17:30 o entre semana a las 17) soy muy consciente de lo que describe en esta entrada… y me emociona pensar que aún hay buenos sacerdotes que estudian y ponen en práctica la liturgia. Pero no sólo eso, sino que procuran ponerla en conocimiento de los fieles y les ayude tambien a ellos a vivir mejor la Eucaristía.

    Felicidades y espero verle pronto por S. Pedro.

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