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Suenan campanas (II)

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En esta serie recogeremos diversas visiones acerca de las últimas noticias referentes a la FSSPX, así como su tratamiento por parte de los distintos blogs. Presentamos hoy la visión de Terzio, que expone en la última entrada de su blog ex orbe:

«El noticiario eclesiástico de la semana ha sido surtido y ameno, tocando varias de las interesantes teclas de la más llamativa actualidad, desde el caso Viganó-Bertone hasta la insurrección del clero de Austria. 


Lo de las corruptelas vaticanas no es novedad. Si se hiciera un monográfico sobre el particular el primer capítulo (o prólogo, si se quiere) tendría que referirse a las sisas de Judas Iscariote, que dice San Juan que metía mano, habitualmente, en la bolsa común del Colegio Apostólico. Conque los particulares del caso Viganó-Bertone son sólo la actualización de una repetición, pecaminosa y lamentable pero recurrentemente presente. Todos los males de la Santa Sede fueran como esos, y me daría con un canto en los dientes. Son ‘escándalos’ que escandalizan, ciertamente, pero también es cierto que es un fango facil de limpiar. Sixto V lo hacía muy bien. Nihil novum sub sole.


Lo de Austria, la Pfarrer initiative, es peor, mucho peor, una insurrección de hecho con un cisma implícito que nadie se atreve a reconocer (aquí una referencia en una web española; y aquí las desafiantes declaraciones de su promotor). El gestor de la crisis, el primado de Austria, Cardenal Schönborn, se ha demostrado incapaz, confusamente irresponsable, e incluso culpablemente contemporizante. Desde que el asunto comenzó ha ido rodando como una bola de nieve pendiente abajo, cada vez más voluminosa e imparable. Schönborn – entiendo yo – es uno de los responsables de que la situación se haya vuelto alarmante.


El tercer foco de atención, después de lo de Viganó y Austria, ha sido el contencioso FSSPX, desde varios frentes, todos aireando negativas, cerrazones, trabas y handicaps. En el fondo late la tensión por la respuesta aun no conocida al preámbulo (desconocido también) propuesto como conclusión de las conversaciones entre los representantes de la Santa Sede y los delegados de la Fraternidad. Sobreabundan las conjeturas, más o menos bien fundadas, pero en realidad se sabe apenas nada que esté bien probado y testado. Con estos supuestos, no es de extrañar que el rumor de mentidero se haya vuelto el recurso para los titulares en algunos medios.


Yo, por mi parte, escojo este:



En esta breve nota-comentario que enlazo, se subraya la insistente actitud contraria y negativa de importantes e influyentes prelados franceses, alemanes y suizos a cualquiera de las inicitivas reconciliadoras decididas por voluntad explícita de Benedicto XVI, un indiscutible buen conocedor de todo el proceso de génesis, afirmación, evolución y actualidad de la obra de Mons. Marcel Lefebvre y la FSSPX. Reconocer que la actitud del Papa Ratzinger ha cambiado sustancialmente la valoración ad intra y ad extra de la Fraternidad, es una evidencia significativamente elocuente.



Hace poco comenté que no me cabe absolutamente ninguna duda sobre la catolicidad y la canonicidad de la FSSPX con respecto a la Iglesia. Si en la Iglesia Católica se incluyen grupos degenerados de des-catolicismo radical como los consentidos en Austria, sería aberrante sostener que la FSSPX no está, de hecho, en la Iglesia a la que representan con toda integridad, sin merma de doctrina ni de esencia.


Es decir, que se puede dudar justamente de la catolicidad y canonicidad de lapfarrer initiative y sus alrededores, pero, por lo mismo, sería contradictorio suponer ‘fuera’ de la comunión a la FSSPX.


¿Que existen ‘problemas’ canónicos? Sí. Pero si Roma ‘resiste’ los muy graves problemas de la pfarrer initiative, los problemas canónicos planteados por la FSSPX son, por comparación, una piedrecita en el zapato, un contencioso que luego del motu proprio Summorum Pontificum, el levantamiento de las excomuniones y las reuniones bilaterales ha sido marcado con un antes y un después irreversibles. Podríamos decir que la nueva situación, tal como parece vislumbrarse, si no se llegara a una más o menos inmediata solución canónica, sería la de un interim sine die abocado, más pronto o más tarde, a una solución beneficiosa para todos.


– Para la Iglesia, porque significaría el comienzo efectivo de su regeneración post-traumático-conciliar


– Para la FSSPX, porque vería reconocida su causa y afluirían a ella vocaciones desde todos sitios


– Para el Papa, porque contaría con una fuerza auxiliar que consolidaría su ministerio devaluado por el colegialismo postconciliar


No digo que esto sea lo previsible, estoy diciendo que esto es lo que ocurriría. También digo que, de tener éxito esta saludable reconciliación, la ruptura interna de la Iglesia quedaría más patente, con todas sus contradicciones.


Llegado a este punto, bajo estos considerandos, parece que la pelota está, más bien, en el tejado de la FSSPX, que no está claro si consentiría compartir espacio (uno y el mismo) con las variopintas realidades, algunas de ellas decididamente transgresoras, que forman el confuso mosáico del Catolicismo postconciliar. ¿Una FSSPX conviviendo – por ejemplo – con la Pfarrer initiativede los austriacos, con las neo-liturgias comunitarias, con las iniciativas pastorales de la nuevangelización?


Opino que el tiempo corre a favor de la FSSPX, cuya consolidación marchará en paralelo al declive sectorial (digámoslo así) de la Iglesia. Un declive que es efecto de todo aquello a lo que se opone la FSSPX.


¿La no-reconciliación y el ralentizamiento de los contactos y relaciones podría conducir a un sedevacatismo declarado? Lo dudo, porque sería el fin de la misma FSSPX, que desde su origen hizo del romanismo más clásico una de las señas de su identidad más profunda, cuya renuncia desvirtuaría los fundamentos de la FSSPX. Hoy por hoy, la acusación sedevacantista no es más que una ofensiva sospecha lanzada desde foros neo-católicos manifiestamente auto-desacreditados.



Todo esto acontece en un marco sombriamente descrito por Benedicto XVI en su reciente alocución a los miembros de la Sgdª Congregación para la Doctrina de la Fe:


«…Nos encontramos ante una profunda crisis de fe, una pérdida del sentido religioso que constituye el desafío mayor para la Iglesia de hoy. Por tanto, la renovación de la fe debe ser la prioridad en el empeño de la Iglesia entera en nuestros días.»


Lo discutible es si las tendencias que han propiciado esta crisis dentro de la misma Iglesia van a ser capaces de regenerar lo que degeneraron. No parece probable, ni posible siquiera. No se cosechan higos de una mata de espinos.


En la reseña de esa audiencia del Santo Padre, se cita la intervención del Cardenal Prefecto, William J. Levada, expresando su satisfacción por los frutos logrados por la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, con la reciente erección de dos ordinariatos personales, uno en Inglaterra y Gales y el otro en los Estados Unidos. Concluyó el Emmº. Cardenal Prefecto subrayando el«…importante trabajo que desarrolla la Pontificia Comisión Ecclesia Dei que, en estricta colaboración con este dicasterio, sigue los desarrollos del diálogo con la Fraternidad sacerdotal San Pío X». (ver la reseña aquí)


A pesar de la frialdad reticente (o combativa) de muchos prelados, la impresión es que cada vez son más los católicos conscientes que desearían (¡volumus!) una integración efectiva, ampliamente acomodada, que permitiera a la FSSPX su ‘espacio’ canónico. Cuanto antes, mejor.»
P.D. Agradecemos a Terzio que nos haya permtido reproducir su artículo en nuestra bitácora.



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