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Poner la otra mejilla sin ser estúpidos

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Si alguno te abofetea en la mejilla derecha, muéstrale también la otra. La paradoja es clara, pero revela bien lo que debe ser la disposición de ánimo en el discípulo de Cristo para saber perdonar. 

«¿Qué pasa si a un joven cristiano al cual lo golpean en una mejilla, no por cobardía, sino por humildad y por caridad, tolera la ofensa y coloca la otra mejilla?, muy bien, 10 puntos, felicitaciones (…) Ahora bien, que pasa si ese mismo joven va caminando por la calle acompañado de su novia y viene un atorrante y le toca el traste a la novia, ¿qué tiene que hacer el joven?, ¿decirle a la novia que ponga la otra mejilla? Ese no es un cristiano, es un estúpido. Y, sin embargo, esa es la actitud de los jóvenes cristianos hoy (…) Yo puedo poner mi propia mejilla y eso puede ser un acto de humildad, puede ser un acto que toque de alguna manera el martirio, pero yo no puedo poner la mejilla del prójimo, yo no puedo poner la mejilla ni de la novia, ni de la madre, ni la del hijo, yo no puedo poner la mejilla de Cristo y de su Iglesia y yo no puedo poner la mejilla de la Patria. Yo puedo estar dispuesto a tolerar las ofensas que a mí personalmente se me hacen y eso es un acto de Virtud, pero no puedo tolerar cuando se ofende a la familia, cuando se ofende a Dios, cuando se ofende a la patria, cuando se ofende a la Verdad.» (P. Alberto Ezcurra)

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