PUBLICIDAD

Perplejos

|
Varios de nuestros más conspicuos conspiradores lectores, nos solicitan una lectura sobre la JMJ. Pensamos que no es demasiado pertinente al hilo de los documentos que hemos venido insertando o de los diversos comentarios que se han vertido sobre el particular, ya en éste como en otros blogs. Pero, para contentar a unos y otros, ahí va.
Comenzaremos por el final. Nos asaltan serias dudas sobre si entonar un Te Deum porque el acontecimiento haya concluido, o un compungido Miserere. Viendo como ha terminado el evento, optamos por éste último. 
Porque el final de la JMJ es muy representativo del problema de fondo estos eventos. ¿Qué final es ése? Pues el festival representado por toda la cosa neocatecumenal. Con unos obispos escuchando impertérritos y sin sonrojarse como Kiko Argüello confiesa públicamente que Dios le manda enviar misioneros a China; cómo Kiko aparece como un profeta inspirado de los últimos tiempos dando las orientaciones pertinentes a las autoridades eclesiásticas. Incluso a algún tradi redimido (¿le recuerdan acompañando a don Castro Mayer en las consagraciones episcopales de 1988?), con un semblante de satisfacción escuchando las barbaridades habituales proferidas por Kiko Argüello en este tipo de encuentros: http://www.youtube.com/watch?v=Woo5PK_I2m8 (minuto 30.29). 
¿Habremos de mostrar pública adhesión a las revelaciones de Kiko Argüello del mismo modo para que el control de calidad eclesiástico nos homologue como fieles católicos? De vergüenza ajena. Pero no demos más cancha al grupo cuasi-sectario neocatecumenal.
Y vamos hacia una valoración de la JMJ. 
Hay dos modos de afrontarla. Uno de ellos es abstraer los diversos elementos de la JMJ y hacer una especie de catálogo de situaciones y entrar a valorarlas. Hemos visto algunas imágenes realmente sorprendentes: ñoñerías, compra de licores para botellones místicos, algunos jóvenes en actitudes lúbricas, etc. Sin duda que nos llaman la atención, pero para el que esto escribe, tal no es el problema de la JMJ. 
En la Vigilia del sábado por la noche, la cadena de televisión que retransmitía tal acto, hablaba de la “lluvia del Espíritu”, y el “viento del Espíritu”. Si seguimos con la interpretación sobrenaturalista de los fenómenos meteorológicos, habría que apuntar algo sobre los desperfectos que impidieron hacer un reparto masivo de la comunión como en JMJs anteriores. Pero esto, no; fue un simple accidente.
El problema es el planteamiento de fondo de la JMJ: ¿Se trata de una operación de márketing? Más concretamente: ¿Se quiere dar, por parte de la Conferencia Episcopal, una imagen de la Iglesia, como pujante, joven y sin problemas? 
Intentemos responder a esto: si la respuesta es “sí”, estamos ante una situación grave, pues ello querría decir que los jerarcas de la Iglesia española son conscientes del erial crítico en que se mueve el catolicismo español, no únicamente en sentido numérico, sino en sentido cualitativo, en donde los contenidos de la fe católica son obviados o puestos en duda por parte de los escasos fieles que acuden a las parroquias los domingos. En esta situación, se trataría de dar una “imagen” que permitiese seguir manteniendo un cierto “status” sociopolítico, tratando de dar una impresión de capacidad de presión social y política. Sería grave. 
Pero más grave sería que la respuesta a la pregunta planteada sea “no”. En caso de que no sea una operación de marketing, nos encontraríamos con que realmente los obispos españoles (y por extensión europeos) no son conscientes de la situación real de la Iglesia, en los términos a los que nos hemos referido unas líneas antes. Situación más grave pues posterga sine die la necesidad de “meter el bisturí” en la situación eclesial actual, y en donde estos baños de masas les siguen obnuvilando como si se tratara de una especie de “opio episcopal”, que les abstrae de la gravísima situación real del día a día de la Iglesia.
En el encuentro con Kiko Argüello se dice que hubo doscientos cincuenta mil participantes; si la participación en la JMJ fue de un millón y medio, nos situamos en el aproximado veinte por ciento de participación neocatecumental en la jornada. Lo que nos indica hacia dónde vamos: se renuncia a ver los problemas reales de la Iglesia, en una situación de crisis extrema, y los obispos se entregan de manera complaciente y sin problemas al discurso delirante de don Argüello. 
Para preocuparse.
Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.