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«Magisterio» con olor a oveja

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Ayer martes, 23 de abril, memoria litúrgica de San Jorge, el Papa celebró Misa en la Capilla Paulina del Vaticano. En la homilía, dijo:

Y Él vio, y vio que las cosas iban bien. Y así la Iglesia es Madre, Madre de más hijos, de muchos más hijos. Se convierte en Madre, Madre, Madre cada vez más. Madre que nos da la fe, la Madre que nos da una identidad. Pero la identidad cristiana no es una tarjeta de identidad: la identidad cristiana es la pertenencia a la Iglesia, porque todos ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre. Porque, encontrar a Jesús fuera de la Iglesia no es posible. El gran Papa Pablo VI dijo: «Es una dicotomía absurda, querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia». Y la Iglesia Madre que nos da Jesús nos da la identidad que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. ¡Pertenecer a la Iglesia, esto es hermoso!

Es lo que nos informa la Radio Vaticana. Aquí un vídeo.

Alguno podría preguntarse, con toda razón, si estamos ante palabras de una categoría más o menos magisterial, de un tipo de low/soft magisterio, cotidiano-doméstico, o no. Porque lo normal es que el magisterio papal importante tenga un texto oficial, que es aquel que se publica en las Acta Apostolicae Sedis. Y si es menos importante, al menos lo recoge L´Osservatore Romano. Pero unos fragmentos de una homilía, publicados por la radio y la tv… 

Cualquiera sea la naturaleza de este «magisterio», lo dicho ha sido una sorpresa. Porque visto el modo de expresión y las circunstancias, uno podría temer sorpresas desconcertantes, enseñanzas vaporosas, gestos desacostumbrados o equívocos, etc., todo con una orientación muy diferente. Pero Francisco ha dicho que es imposible encontrar a Cristo fuera de la Iglesia… 

Se nos dirá que es una pequeñez, que estos textos no tienen fuerza vinculante, que lo importante de Francisco estará en actos de mayor calado, que estamos tan bombardeados por la ecumanía delirante y tan saturados de las ambigüedades interreligiosas sin límite, que una gota de agua en el desierto nos parece un océano. Es probable.


Hoy, por esta pequeñez, celebramos lo dicho. Y nos aguantamos el «olor a oveja». 

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