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La importancia de arrodillarse

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La foto pertenece a la web del CAAL 
una de las tiendas más surtidas de los elementos 
de ambientación litúrgica del Camino Neocatecumenal.

«…la liturgia es bendición divina, palabra y don, y adoración humana, es decir, acción de gracias (eucaristía) y ofrenda. ¿No está toda la misa en esta definición? Nadie puede omitir el definir así la sagrada liturgia. La adoración no es otra cosa que la liturgia misma.  

Cualquier intento de separar las dos cosas va en contra de la fe y de la verdad católica.
¿No se sostiene hoy que el hombre adora a Dios con todo su ser? Esto significa con el alma y con el cuerpo. Por lo tanto en la Biblia toda «la obra de Dios es bendición» (CIC, 1079-1081): es la dimensión cósmica que vertebra la sagrada escritura desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y del mismo modo a la liturgia. Si bendecir quiere decir adorar, la bendición o adoración en la Biblia se expresa en la postración y el doblar físicamente las rodillas y metafísicamente el corazón. Sólo el diablo no se arrodilla, porque —lo dicen los Padres del desierto—, no tiene rodillas. Así, san Pablo ve delante de Jesús la armonía entre historia sagrada y el cosmos: toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en el abismo. Como consecuencia concreta: el gesto de arrodillarse debe volver a ser lo principal en el rito de la Misa, en el desarrollo, inspiración y sabor de la música sacra, en el mobiliario sagrado: una iglesia sin reclinatorios no es una iglesia católica.

¿Por qué postrarse? Debido a que la bendición divina se produce especialmente con «la presencia de Dios en el templo» (CIC, 1081): ante su presencia, el primer y fundamental gesto es la adoración. No se diga que el templo ha sido abolido, porque Jesús lo ha purificado sustituyéndolo con su cuerpo en el que habita corporalmente su divinidad: así, la presencia divina es ahora la del Cuerpo de Cristo y, en modo máximo coincide con el Santísimo Sacramento. Tengamos en cuenta que hasta ahora hemos hablado de las cosas reveladas por el mismo Señor en la Sagrada Escritura. En Introducción al espíritu de la liturgia, Joseph Ratzinger ha mostrado cuánto ha perjudicado la reforma litúrgica, al haber roto el vínculo entre el templo judío y la iglesia cristiana: lo vemos hoy en las nuevas iglesias, justo cuando a nivel ecuménico se dialoga con los judíos. Si el cuerpo de Cristo está formado por el edificio espiritual de sus miembros (cf. 1 P 2,5), se debe saber que donde la Iglesia se reúne para los Misterios, nace un «espacio santo».» [OFICINA PARA LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE. La liturgia, obra de la Trinidad/1: Dios Padre (CIC 1077-1083)]
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