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La confusión de los «disensos»

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El profesor José Luis Illanes —del Opus Dei, insospechable de pertenecer al mitológico filolefebvrismo— publicó un comentario a la Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo (24-V-1990) en el que analiza el fenómeno del disenso progresista. Repare el lector en la definición, la raíz, las verdades que cuestiona y su fundamento ideológico, y podrá juzgar si la posición de  la FSSPX tiene suficientes semejanzas con el disenso postconciliar
¿Qué es, en  efecto, el disenso? Dejando de lado otras posibles significaciones o usos del vocablo, digamos que por disenso teológico suele entenderse, y entiende la Instrucción, no la simple diversidad de parecerse ni tampoco la mera existencia de roces o incluso de conflictos entre teólogos y Pastores —fenómenos que, con mayor o menor intensidad, se han dado en muchos momentos de la historia—, sino la actitud de «oposición sistemática»; más exactamente, la consideración de la actividad científico teológica como instancia suprema en orden a juzgar de la verdad de la fe o, al menos, como instancia autónoma que puede contraponerse en pie de igualdad («magisterio paralelo») a la función magisterial ejercida por la autoridad eclesiástica. El debate versa, pues, no ya sobre cuestiones jurídico-disciplinares, ni tampoco, meramente, sobre la libertad de investigación, de discusión y de crítica, sino, antes y mucho más radicalmente, sobre la naturaleza de la verdad —también de la verdad cristiana— y sobre el ser de la Iglesia. Es precisamente ese núcleo esencial lo que la Instrucción aspira a recordar…

En la raíz del fenómeno del disenso se encuentra —afirma la Instrucción«la ideología del liberalismo filosófico», es decir, el planteamiento según el cual «Un juicio es tanto más auténtico cuando más procede del individuo que se apoya en sus propias fuerzas»; de esta forma —añade— «Se opone la libertad de pensamiento a la autoridad de la Tradición, considerada fuente de esclavitud» y se termina por afirmar, que «la libertad de juicio, así entendida, importa más que la verdad misma»”

Publicado en: SCRIPTA THEOLOGICA 22 (1990/3), ps. 865-880.
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