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Entrevista a un filo-lefebvriano

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Dado el debate disparado por los artículos del Pbro. José María Iraburu, entorno a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y temas conexos como el papel del Papa, la liturgia, los nuevos movimientos, etc., la Redacción de esta bitácora quiso hacerse con una opinión autorizada.

Como se verá por las respuestas obtenidas, el personaje consultado bien podría ser encuadrado entre los “filo-lefebvrianos”, según la aguda clasificación iraburiana.

          ¿Los lefebvrianos son cismáticos?
          Hemos llegado a la convicción de que el empleo diligente e integral del antiguo ritual… expresa la voluntad de consagrar obispos de la Iglesia católica y de no perder la continuidad con ésta.

          ¿Tenemos alguna culpa de lo que ha sucedido o todo se debe a la desobediencia del arzobispo Lefebvre y los suyos?
          Tenemos que intentar superar entre nosotros, en nuestras comunidades, las faltas que llevaron a estas personas (los seguidores de monseñor Lefebvre) a dar semejante paso (las consagraciones) y también las cuestiones que aun son candentes en el seno de la Iglesia.

          ¿Es el lefebvrianismo un fenómeno menor, limitado a ciertos nostálgicos?
          Aunque no se habla mucho de ello, el fenómeno lefebvriano se extiende. Cuenta con monasterios de clausura, congregaciones
religiosas, un instituto universitario en París, seminarios en todo el mundo, con un gran número de candidatos que se preparan al sacerdocio, un número creciente de sacerdotes, oratorios e iglesias. Se trata de un fenómeno cuya importancia no se puede negar, por lo menos por el gran número de sacerdotes que se adhieren: personas jóvenes, a menudo motivadas por un fuerte idealismo.

          ¿Qué opina de aquéllos que el sacedote Iraburu denomina “filo-lefebvrianos”? ¿Comparte sus duros conceptos?
          Veo también que muchos laicos, a menudo con una cierta formación cultural, [que] participan en sus liturgias sin identificarse con el movimiento (de monseñor Lefebvre)… Un número de personas que participan en sus liturgias, sin identificarse, con la convicción de seguir en plena comunión con el Papa y de no alejarse de la comunión de la Iglesia.

          ¿Cuáles son, según su opinión, los frutos de la reforma litúrgica de 1969?
          No se puede negar que hoy existe un problema litúrgico grave… Sólo queda la arbitrariedad de un grupo de la comunidad que toma en sus manos estas «actividades» (litúrgicas). Y la liturgia se queda cada vez más vacía… Se puede descubrir que esa respuesta (la reforma litúrgica) era superficial, y que ha empeorado la liturgia… Era tan hermosa aquella continuidad que no dependía del párroco ni siquiera de los dicasterios romanos. Simplemente, se sabía que era la liturgia de la Iglesia.

          ¿Pero no era necesario un aggiornamento litúrgico? La gente ya no entiende el latín, las viejas oraciones, el gregoriano…
          En nuestra reforma litúrgica hay una tendencia, a mi parecer equivocada, de adaptar completamente la liturgia al mundo moderno… De este modo, la esencia de la liturgia y la misma celebración quedan completamente desvirtuadas.

          ¿Considera algo bueno que se celebre la Misa tridentina? ¿No se corre riesgo de romper la unidad de la Iglesia, como han dicho numerosos teólogos y obispos?
          Ciertamente creo que habría que conceder mucho más generosamente licencia para celebrar según el rito antiguo a todos los que lo deseen. No se ve qué pueda tener eso de peligroso o inaceptable… Desgraciadamente, mientras la tolerancia para lo que son modificaciones espectaculares y arriesgadas es casi ilimitada, la tolerancia para la antigua liturgia es casi inexistente. Y eso es indicio de que no andamos por buen camino.

          Cambiando de tema, ¿no le parece peligroso oponer el Papa a la Tradición? ¿No pone en riesgo el dogma de la infalibilidad? Después de todo, el Papa es el auténtico intérprete de la Tradición, pudiendo cambiar a su arbitrio…
          Ese dogma (de la infalibilidad) no significa que todo lo que diga el Papa sea infalible… El Papa, lógicamente, también está sujeto a ciertas condiciones —que a él obligan en grado sumo— para garantizar que no se trata de una decisión suya, de su conciencia subjetiva, sino que se ha tomado conforme a la conciencia de la Tradición.

          Sabemos de su gusto por los movimientos postconciliares. Dado que han sido aprobados por la Santa Sede, ¿eso les da independencia frente a los obispos y los párrocos?
          Pienso, por ejemplo, en el movimiento carismático, en las comunidades neocatecumenales, en los cursillos, en el movimiento de
focolares, en Comunión y Liberación, etc. Todos estos movimientos plantean algunos problemas y comportan mayores o menores peligros… La célula principal para la vida comunitaria seguirá siendo la parroquia… Cada movimiento tendrá que estar unido a la parroquia para no hacerse sectarios.


Foto tomada durante la entrevista concedida por este filo-lefebvriano a nuestra Redacción.


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