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Cuando el IVE cargó contra la FSSPX (1)

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En 1993, el p. Carlos Miguel Buela, fundador del IVE, publicó dos artículos en abierta polémica contra la FSSPX. Ésta respondió en un escrito firmado por los pp. Beauvais y Lagneau. Artículo y réplica pueden encontrarse en internet.
Lo que no es tan conocido, en cambio, es la serie de seis artículos (además de los del p. Buela) publicada en la revista Diálogo, en la que seminaristas y sacerdotes del IVE, intentaron exponer de manera razonada una crítica teológica a la posición de la FSSPX. Se puede no compartir el contenido de los artículos pero, a juicio de quien esto escribe, los discípulos de Buela estuvieron muy por encima del maestro…
Publicamos hoy una pequeña entrevista a Psique y Eros autor de dos artículos críticos de aquella serie (uno de 90, y otro de 120 páginas). Nos interesa conocer su visión actual acerca del mismo tema.

— Redacción: ¿Qué motivó el primer artículo de Buela? ¿Interés por la verdad, amor a la Iglesia, motivos de conveniencia, política eclesiástica, lavar la imagen del IVE…?

Tratando de ser lo más fiel posible a mis recuerdos, intentando no juzgar desde mi actual opinión respecto del IVE, y, hasta donde se puede hipotizar sobre la subjetividad ajena desde afuera, creo que la respuesta sería ‘de todo un poco’. Hubo una clara necesidad de despegarse del lefebvrismo, en aquél tiempo el mote ‘son lefebvristas’ era permanente y era inadecuado, había grandes diferencias doctrinales que tenían que ser puestas de manifiesto de un modo u otro, sin juzgar cual de los dos lados estaba en lo cierto. Interés por la verdad y amor a la Iglesia, es algo que tenemos que presuponerlo, salvar la proposición del prójimo no es solo cosa de buen cristiano, sino de buena gente. Motivos de conveniencia… obvios… había que despegarse de un mote que era inconveniente y que era injusto, recordemos que ‘neocon’ es algo de factura muy reciente, hasta no hace mucho todo estaba en la misma bolsa. Política eclesiástica… obvio… también, posicionaba y daba puntos separarse de los lefes, aunque hubiera que hacer leña del árbol caído para poder conseguirlo. La verdad es que hubo ‘de todo un poco’. ¿Cuál es el emergente en todas esas razones? Para ser justo no creo que el motivante principal estuviera ni del lado de las santas inspiraciones ni del lado de las perversas, sino más bien de la necesidad (real) de despegarse del lefebvrismo… Por supuesto, podría haber sido de otro modo, atendiendo más a la caridad necesaria en la corrección al prójimo, siendo menos dicotómico, menos maniqueo, menos blanco y negro, menos estridente y por tanto menos ideológico y más interesado en la verdad que en la apología, en el contenido que en el efecto, pero bueno, eso es justamente lo contrario al estilo de Buela, y el estilo es el hombre…

— Redacción: Con el diario del lunes cualquiera sabe el ganador del Derby… Vista desde el presente, la serie de artículos parece criticable en varios aspectos, sin desconocer los méritos de algunos (no precisamente los de Buela, sino los de sus discípulos). Recuerdo en este momento —por poner un ejemplo— uno que defendió a capa y espada la traducción de pro multis como “por todos”; cosa que hoy difícilmente encontraría defensores tan enérgicos… La impresión general del conjunto de los artículos es que fue un intento —tal vez apresurado y un tanto voluntarista— de hallar premisas para justificar conclusiones preestablecidas. Dicho de otro modo: había salir a ponerle el hombro a Buela, aunque los argumentos fueran falsos, dudosos, débiles… ¿Compartís mi impresión general?

A ver, tengo que dar una opinión sobre el debate hoy en día y yo soy una persona, hoy en día, que ha cambiado el lugar desde donde mira ese mismo debate. La verdad es que hoy por hoy es un debate que no me interesa, y lo único que puedo decir lo digo en tercera persona (o en una observación de segundo orden diría Luhmann), pero no es el lugar apropiado para hablar sobre cosas de la fe. A un gran profesor del Biblicum, James Swetnam, le escuché decir que una procesión se puede relatar de dos maneras, desde el lugar de observador que mira desde afuera y desde el lugar de quien camina en medio de la procesión. Él se inclinaba por el segundo lugar como el más legítimo para dar una opinión, en su última instancia, plenamente fundada. Coincido con él, es más todo el Método Histórico Crítico de Bultmann y compañía reposa sobre el presupuesto que el lugar más legítimo es el de observador no participante, del que mira desde afuera.
Dicho lo cual entro en otro presupuesto antes de darte mi opinión al respecto. También en aquella época el sector que hoy daríamos en llamar ‘filolefebvristas’, según la nueva nomenclatura infocatólica (no suscribo las nomenclaturas usadas, las uso porque son muy útiles para dar coordenadas claras y significativas), decía exactamente lo mismo que vos, que eran artículos ‘sin nivel’ o algo por el estilo. Y a mí me sucedió algo muy ilustrativo, tuve un debate al respecto del ‘nivel’ de los artículos con una gran amiga, posteriormente monja del IVE y en su momento hija espiritual del ambiente ‘filolefebvrista’. Esta muchacha, en aquél momento, era totalmente incapaz de justificar su opinión, porque era una opinión ‘heredada’ de una paternidad opiniológica. Es así como se forman las opiniones en la mayoría de los círculos con cierta coincidencia ideológica. Un capitoste da una opinión, por ejemplo: ‘Fabro es voluntarista’, y todo el ambiente la asume acríticamente y de modo hereditario. Entre tanto ese capitoste probablemente leyó muy poco del autor mencionado y escribió mucho menos justificando su opinión. Creo que algo así sucedió con esos artículos. Ciertamente que muchos de ellos carecían de la aparatología científica y sobre todo, de la falta de equilibrio integrador y holístico propio de una investigación seria, sin embargo, en lo que a mí me toca, creo que se tocaron nervios centrales del problema, y esos nervios centrales fueron vistos y palpados con profundidad aunque las formas pudieran no haber sido las más adecuadas. De hecho releí, a instancia de tus preguntas, un artículo mío sobre el lefebvrismo y su problema central, me causó mucha gracia mi modo apologético e impetuoso de aquel momento, y toda la ‘sensus-ecclesiae-latria’ que transmiten o mejor dicho transpiran… por supuesto de un modo inconsciente y no formulado. Sin embargo, en cuanto a lo formulado, no creo haber cambiado mucho de opinión, creo que el gran debate sigue estando en qué es lo que se considera la ‘norma próxima de fe’ y si se puede calificar de ‘errores’ formales a algunas formulaciones del Vaticano II supuestas todas las condiciones históricas que se dieron, más allá de que fuese un concilio pastoral, sin declaraciones dogmáticas formales. Hasta ahora no leí nada mínimamente satisfactorio que dé respuesta a ese tema. Y sigo creyendo que antes de poder enunciar la frase ‘hay un error’ se tendría que poder demostrar ‘cómo es posible que haya un error’. Creo que el lefebvrismo puso siempre en primer lugar la autoevidencia de la incoherencia con la tradición y no se preocupó por lo segundo. Para mí lo segundo es lo más importante, porque la fe es más confianza que coherencia interna. En el discurso del Pan de Vida los confiantes se quedaron a pesar de tener que sostener una evidente incoherencia…
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