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Astigarraga responde a Bruno Moreno (I y II)

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Ast
igarraga nos ha enviado una segunda réplica a Bruno Moreno. Para que los interesados en el debate no pierdan el hilo de la discusión, hemos puesto números romanos a las réplicas de Astigarraga (I y II), dejando todo en el mismo post.

(I)

Ante la imposibilidad de poder publicar en Info“católica”, me acojo a la hospitalidad de InfoCaótica a fin de puntualizar ciertos errores que con ocasión del artículo de Bruno Moreno titulado “Familia en misión en Camerún: Dios provee” (2.06.11), aparecen en comentarios del propio autor
.

Estimado Bruno Moreno:

El 17 de abril, Jueves Santo, del año 2003 Juan Pablo II lamentaba que en diversos contextos eclesiales, ciertos abusos contribuyeran a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre el admirable Sacramento del Altar:

«Nonnumquam reperitur intellectus valde circumscriptus Mysterii eucharistici. Sua enim significatione et vi sacrificii destitutum, mysterium vivitur tamquam si sensum ac momentum alicuius fraterni convivii non excedat. […] Ob haec omnia quis non intimum patiatur dolorem? Donum enim Eucharistia nimis magnum est ut ambiguitates et imminutiones sufferat».

«Se nota a veces una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno. […] ¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones». (Ecclesia de Eucharistia, n. 10).

Siento decirle que en este aspecto concreto –y fundamental, por cierto– está usted equivocado, por no conocer bien la doctrina tradicional de la Iglesia. Cita el Catecismo de San Pío V. Haría bien en repasarlo y comprobar que tanto en él como el Catecismo de San Pío X, o el Catecismo Católico del Card. Gasparri (publicado bajo Pío XI) se distingue clarísimamente entre “el Sacramento de la Eucaristía” y “el Santo Sacrificio de la Misa”.

Sin dejar pasar por alto que el Catecismo de la Iglesia Católica en su punto 1330 refiera así uno de los posibles nombres del Sacramento de la Eucaristía, hay que recalcar que la fórmula “memorial de la Pasión y Resurrección del Señor” al poner el acento –como con exagerada estudiosidad– en el memorial, pero no en la renovación incruenta del Sacrificio del Señor realizado en el Monte Calvario, no puede decirse definición totalmente correcta de la Santo Sacrificio de la Misa.

En palabras de Juan Pablo II:

«La representación sacramental en la Santa Misa del sacrificio de Cristo, coronado por su resurrección…» (Ecclesia de Eucharistia, n. 15).

«La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, no se le añade y no lo multiplica. Lo que se repite es su celebración memorial, la “manifestación memorial” (‘memorialis demonstratio’), por la cual el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo. La naturaleza sacrificial del Misterio eucarístico no puede ser entendida, por tanto, como algo aparte, independiente de la Cruz o con una referencia solamente indirecta al sacrificio del Calvario» (n. 12).

Y en palabras del Cardenal Ottavianni:

«Pues la Misa por su propia esencia es el memorial del único Sacrificio, que es en sí mismo redentor; mientras que, por el contrario, la Resurrección es el fruto consiguiente a aquél. Se debería añadir también la Ascensión, si alguien quisiera retomar aquella oración “Unde et Memores”. En este texto, sin embargo, no se expresa una cierta agrupación equivalente de vocablos, sino una clara y sutil distinción: “de tan bienaventurada Pasión, como también de la Resurrección de entre los muertos y también de la gloriosa Ascensión al cielo”. La Pasión se conmemora por sí misma y por la fuerza de la misma Misa; la Resurrección y Ascensión se presentan añadidas, por la conexión de la fe» (25 de septiembre de 1969).

En este punto, como en tantos otros «es evidentemente falso el método que trata de explicar lo claro con lo oscuro; antes bien, es menester que todos sigan el orden inverso» (Pío XII, Humani Generis, n. 15).

Estimado Bruno, afirmas también que “Además de sacrificio, la misa es acción de gracias, banquete…”. ¿Banquete? En cualquier caso ha de ser retenido lo siguiente:

«Aunque la lógica del ‘convite’ inspire familiaridad, la Iglesia no ha cedido nunca a la tentación de banalizar esta ‘cordialidad’ con su Esposo, olvidando que Él es también su Dios y que el ‘banquete’ sigue siendo siempre, después de todo, un banquete sacrificial, marcado por la sangre derramada en el Gólgota». Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia (17 de abril de 2003), n. 48.

Fíjese bien: “La Iglesia no ha cedido nunca a la tentación de banalizar esta ‘cordialidad’…”, y “¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto?”.

Responder indirectamente a este interrogante pontificio, con frases del estilo “no es cierto (y desde luego no es tradicional) que la misa deba ser algo triste” es lo verdaderamente triste, pero definitivamente previsible al provenir de quien adhiere a ciertas ‘comunidades’ que instaladas en la absoluta disidencia litúrgica, oscurecen la recta fe y la doctrina católica sobre el admirable Sacramento del Altar.

Cordialmente

Astigarraga

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Trascribimos la réplica de Bruno Moreno a continuación:

Estimado Astigarraga:

No entiendo lo de la «imposibilidad de poder publicar en Info“católica»»

Tu comentario está publicado y además respondido desde las diez de la mañana hora española.

Quizá la confusión provenga de que, cuando el blog está colocado en «moderación previa» por ausencia del autor o por lo que sea, los comentarios no aparecen hasta que el bloguero los ve y los aprueba. Es muy fácil darse cuenta de que ése el el caso porque bajo el último comentario publicado aparece una frase que dice «Este post tiene X comentarios esperando moderación» o algo similar.

Saludos.

Bruno

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(II)


Querido amigos de InfoCaótica:

Muchísimas gracias por la publicación de mi anterior comentario. Sería para mí un honor que desde este medio se me permitiera de nuevo dirigirme directamente y de forma pública al Sr. Bruno Moreno Ramos.

Estimado Bruno:

Obviamente no encontré ningún mensaje del estilo «Este post tiene X comentarios esperando moderación», y es por esto que me encomendé a la hospitalidad de InfoCaótica para responder a un comentario tuyo.

En parte debido a la extensión de estas nuevas réplicas y a que has manifestado también que “en cualquier caso, supongo que es evidente que no es el tema del post”, me vuelvo a acoger a la hospitalidad de InfoCaótica para manifestarte las siguientes reservas.

A la manera de los comentarios que suele hacer el Padre Z. (Zuhlsdorf) en su blog, hago lo propio con el comentario de Bruno Moreno Ramos [que está en negro], y escribo seguidos los míos propios [en azul].

RESERVAS A UN COMENTARIO

Estimado Astigarraga:

Si lees el Catecismo de san Pío V, enseguida verás que lo que distingue (sin separar) es el sacramento y el sacrificio, porque, como ya sabemos, la comunión se puede recibir fuera de la Misa, contra lo que señalaban los protestantes.

* No esta la única razón para distinguir el Sacramento del Sacrificio. El Catecismo de San Pío V, parte II, capítulo IV, n. 71, enseña lo siguiente:

«71. En qué se distingue el Sacramento del Sacrificio. Mucho se diferencian entre sí estas dos razones; porque el Sacramento se perfecciona con la consagración, y todo el valor del Sacrificio consiste en la oblación. Por eso la sagrada Eucaristía, cuando está reservada en el Sagrario o se lleva a los enfermos, tiene razón de Sacramento, y no de Sacrificio. En segundo lugar, en cuanto es Sacramento, para los que reciben la divina Hostia, tiene razón de mérito, y les comunica los demás bienes que antes se han indicado; y, en cuanto es Sacrificio, tiene virtud, no sólo de merecer, sino también de satisfacer. Porque, así como Cristo nuestro Señor mereció y satisfizo por nosotros por medio de su pasión, del mismo modo los que ofrecen este Sacrificio, por medio del cual comunican con nosotros, merecen los frutos de la pasión del Señor y satisfacen».

Lo que no distingue es la Eucaristía de la Misa. Cito, por ejemplo: «Y con igual propiedad la interpretamos acción de gracias. Porque cuando sacrificamos esta purísima hostia…» Es decir, la acción de gracias o Eucaristía es el sacrificio, es la Misa. Otra cosa es que al sacramento se le llama también recibir la comunión o recibir la Eucaristía (sacramento de la Eucaristía).

* Lo que se distingue en la Eucaristía, obviamente es la Eucaristía-Sacramento de la Misa-Sacrificio. No es correcta tu afirmación, por reduccionista, según la cual «la acción de gracias o Eucaristía es el sacrificio, es la Misa», sino que más bien ha de afirmarse que la Misa tiene (no solo) un fin eucarístico, pues el sacrificio del altar no es solamente latréutico, o de adoración, y eucarístico, o de acción de gracias, sino también propiciatorio e impetratorio:

«72. Cuándo se instituyó este Sacrificio del Nuevo Testamento. Ahora bien, acerca de la institución de este Sacrificio, el santo concilio de Trento no ha dejado lugar alguno a la duda. Porque ha declarado que fue instituido por Cristo nuestro Señor en la última cena; y al mismo tiempo anatematizó a los que afirman que no se ofrece a Dios verdadero y propio Sacrificio, o que el ofrecerle no consiste en otra cosa sino en que se nos dé a Cristo para que le recibamos». Catecismo de San Pío V, parte II, capítulo IV, n. 72.

Además, es evidente que el sacramento y el sacrificio son una unidad (aunque se puedan distinguir aspectos diferentes): no se celebra la Misa si no hay quien reciba el sacramento y, de la misma forma, no hay sacramento si no se consagra en la Misa.

* Si bien esto puede entenderse rectamente, también puede ser malinterpretado ya que algunos niegan todo valor a las misas que se celebran sin la asistencia del pueblo, como si fuesen una desviación del auténtico culto cristiano (cfr. Enc. Mediator Dei):

«Si bien a la celebración de la misa conviene en gran manera, por su misma naturaleza, que un gran número de fieles tome parte activa en ella, no hay que desaprobar, sino antes bien aprobar, la misa celebrada privadamente, según las prescripciones y tradiciones de la Iglesia, por un sacerdote con sólo el ministro que le ayuda y le responde». (Enc. Mysterium fidei, n. 4).

En cuanto al banquete, el Catecismo de la Iglesia Católica llama explícitamente banquete a la Eucaristía, la frase que tú mismo citas como prueba de Juan Pablo II lo hace también y el Catecismo de San Pío V usa el sinónimo Cena (¡aunque era el término usado por los protestantes!).

* «La enseñanza del Concilio de Trento sobre la realidad del sacrificio debe ser profesada en toda su firmeza, y no menos la enseñanza sobre la “presencia real”; el aspecto de comunión fraterna, por muy profundamente que se comprenda, de ninguna manera puede perjudicar el aspecto fundamental que es el del Sacrificio de Cristo, fuera del cual el banquete eucarístico pierde su sentido» (Sagrada Congregación para la Educación Católica, en su ‘Carta circular sobre algunos aspectos más urgentes de la formación espiritual en los seminarios’ 6 de enero de 1980).

La fórmula «memorial de la Pasión y Resurrección del Señor”, en efecto, no abarca todo el misterio de lo que es la Misa. Pero tampoco lo hace la fórmula «Santo Sacrificio» y eso no hace que digas que es incorrecta. El hecho de que una fórmula no abarque todo un Misterio divino es algo completamente diferente de que sea correcta e incorrecta. Ambas fórmulas son correctas aunque ambas sean insuficientes.

* Lo siento, pero ni ambas fórmulas son correctas para definir la Misa (no así el Sacramento), ni la fórmula la «Santo Sacrificio» es insuficiente.

Como advierte la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en la Carta ‘Cum oecumenicum concilium’, “hay que lamentar que de diversas partes han llegado noticias desagradables acerca … de opiniones extrañas y atrevidas, que aparecen aquí y allá”, y que “es preciso señalar algunas de estas sentencias y errores”: «Hay también quienes, respecto a la Misa, insisten más de la cuenta en el concepto de banquete (‘ágape’), antes que en la idea de Sacrificio» (Roma, 24 de julio de 1966. Alfredo Card. Ottaviani).

Algo que remarcará Juan Pablo II: «In primis autem est Eucharistia sacrificium: redemptionis videlicet eodemque tempore sacrificium Novi Foederis». – «La Eucaristía es por encima de todo un sacrificio: sacrificio de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de la Nueva Alianza». Dominicae Cenae (24 de febrero de 1980), n. 9.

«Así pues, la doctrina constante de la Iglesia sobre la naturaleza de la Eucaristía, no sólo convival sino también, y sobre todo, como sacrificio, debe ser rectamente considerada como una de las claves principales para la plena participación de todos los fieles en tan gran Sacramento». Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción ‘Redemptionis Sacramentum’ sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (23 de abril de 2004), n. 38.

La catequesis oficial de la Iglesia habla de: Error de quienes respecto a la Misa insisten menos de la cuenta en la idea de Sacrificio – La Eucaristía es por encima de todo un sacrificio –La Eucaristía, sobre todo, como sacrificio…

¿De verdad no te parece lo suficiente claro?

Puede ser que la primacía sacrificial de la Eucaristía quede ofuscada debido a tu experiencia con comunidades del Camino Neo-catecumenal; la misma experiencia que le hiciera exclamar en la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos a S. Em. R. Mons. Anthony Sablan Apuron, O.F.M. Cap., Arzobispo de Agaña:

«Moreover, if the Eucharist is a banquet, the proper posture when the people are receiving the Body and Blood of Christ is seated, not standing!». – «¡Además, como la Eucaristía es un banquete, la mejor postura de los que reciben el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la sentada, y no de pie!». Sexta Congregación General (6 de octubre de 2005).

Por eso, el Catecismo de San Pío V, que es el Catecismo de Trento, va explicando los diversos nombres que tiene la Misa, como he dicho: Misa, sacrificio, Acción de Gracias, Cena, Viático, Sacramento de Paz y de Caridad, etc. Y aun todos ellos juntos son y serán siempre insuficientes (aunque correctos).

* La enseñanza dogmática del Concilio de Trento sobre la realidad del sacrificio, no es una realidad “siempre insuficiente (aunque correcta)”; es verdad y como verdad (no insuficiente) ha de ser acogida y profesada en toda su firmeza.

La Congregación para la Doctrina de la Fe advertía a este respecto de

«Algunos presupuestos, ya sean de naturaleza filosófica o teológica, obstaculizan la inteligencia y la acogida de la verdad revelada. Se pueden señalar algunos: la convicción de la inaferrabilidad y la inefabilidad de la verdad divina». Declaración “Dominus Iesus”, sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia (6 de agosto de 2000), n. 4.

También señalaba que

«Es necesario, por tanto, que los fieles rehúyan la opinión según la cual: en principio las fórmulas dogmáticas (o algún tipo de ellas) no pueden manifestar la verdad de modo concreto, sino solamente a base de aproximaciones. Los que abracen tal opinión no escapan al relativismo teológico y falsean el concepto de infalibilidad de la Iglesia». Declaración “Mysterium Ecclesiae”, sobre la doctrina católica acerca de la Iglesia para defenderla de algunos errores actuales (24 de junio de 1973).

Además, no se ve como esta equiparación que haces (Misa, sacrificio, Acción de Gracias, Cena, Viático, Sacramento de Paz y de Caridad, etc.) no contradice la enseñanza contenida la Carta circular de 6 de enero de 1980 de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, anteriormente citada:

«El aspecto de comunión fraterna, por muy profundamente que se comprenda, de ninguna manera puede perjudicar el aspecto fundamental que es el del Sacrificio de Cristo, fuera del cual el banquete eucarístico pierde su sentido».

Estoy de acuerdo, como es lógico, en que no hay que banalizar esa cordialidad. No he dicho nunca lo contrario. Sólo he contestado a la acusación de «Bailemos y cantemos porque cristo se está desangrando», que no tiene ninguna justificación desde la doctrina tradicional de la Iglesia. Ni Cristo se está desangrando ni la Iglesia desaconseja las muestras de alegría en la Misa, como muestran tus propias citas (que rechazan la «banalización» de la cordialidad precisamente porque es una deformación de la correcta cordialidad y la alegría).

* El hecho de que no se derrame la Preciosísima Sangre materialmente, no implica que de hecho ésta no sea derramada sacramentalmente:

«Necesario es no olvidar nunca que ‘toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo’, que por modo incruento se renueva sin interrupción en nuestros altares». Pío XI, Miserentissimus Redemptor (8 de mayo de 1928), n. 8.

«La Iglesia renueva continuamente de modo incruento el sacrifico cruento de su Señor, la inmolación de su cuerpo y de su sangre. Todos los que participan en la Eucaristía, mirando con los ojos de la fe, saben que toman parte místicamente en el sacrificio de la cruz, que culminó cuando un soldado romano traspasó el costado de Cristo. San Juan, haciéndose eco del profeta Zacarías, escribe en el evangelio: “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37); y en el Apocalipsis: “Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa” (Ap 1, 7)». Juan Pablo II, Homilía durante la Misa Crismal (Jueves Santo, 27 de marzo de 1997), n. 2.

Pero claro, para ver esto hay que mirar “con los ojos de la fe” (católica).

Por otra parte, equiparas “cordialidad” a “alegría”. Si interpretaras según el contexto inmediato “cordialidad” se refiere a “familiaridad”, no a “alegría”. ¿Pero por qué no interpretar “cordialidad” (del lat. ‘cor, cordis’, corazón) a la luz del Corazón Inmaculado de María, Corazón traspasado por Siete espadas?

«¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: “Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros” (Lc 22, 19)? Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz». (Ecclesia de Eucharistia, n. 56).

En el año 2000 J. Ratzinger escribió que para el objetivo de la salvación de las “almas de los pobres pecadores” en las apariciones de la Virgen en Fátima de 1917 «se indica como camino –de un modo sorprendente para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán– la devoción al Corazón Inmaculado de María». (Documentos sobre “El Mensaje de Fátima”, 26 de junio de 2000. Comentario Teológico).

Once años después, se podría añadir que no solo para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán (es decir, protestantes), sino que también para algunos neocatecumenales, resulta “sorprendente” el recurso a María para captar la fundamental ‘dimensión sacrificial de la Eucaristía’:

«María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la ‘dimensión sacrificial de la Eucaristía’. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén “para presentarle al Señor” (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería “señal de contradicción” y también que una “espada” traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el “stabat Mater” de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de “Eucaristía anticipada” se podría decir, una “comunión espiritual” de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como “memorial” de la pasión». (Ecclesia de Eucharistia, n. 56).

NÓTESE BIEN: La celebración eucarística, memorial “de la pasión” (solo memorial “de la pasión”, y no memorial “de la pasión y de la resurrección”), también después de la Resurrección, en el período postpascual.

Dices: «a pesar de lo que refiera el Catecismo de la Iglesia Católica en su punto 1330» Si no aceptas lo que dice el Catecismo, es decir, lo que enseña la Iglesia, ya no tiene sentido discutir. ¿Qué sentido tiene que me cites documentos de la Iglesia si aceptas unos y rechazas otros a tu arbitrio?

* Si admites reducciones en la Eucaristía, no veo como no lo vas hacer con mis comentarios, aunque en realidad, vaya por delante que acepto íntegramente el Catecismo de la Iglesia Católica en su punto 1330: es decir, cuando utiliza la fórmula “memorial de la Pasión y Resurrección del Señor”, como nombre del Sacramento, pero no como nombre del Sacrificio (cf. punto 1367 del Catecismo).

En cualquier caso, si este punto del Catecismo resulta oscuro “para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán”, o de otros ámbitos no católicos, clarifíquese, no pasa nada, ya fueron modificados el 15 de agosto de 1997 nada menos que 87 puntos del Catecismo de una sola tacada: el 57, 65, 88, 116, 118, 134, 137, 240, 335, 336, 398, 627, 702, 708, 719, 723, 833, 875, 879, 911, 916, 922, 929, 1014, 1141, 1170, 1184, 1256, 1261, 1281, 1289, 1297, 1300, 1302, 1307, 1313, 1314, 1320, 1367, 1368, 1388, 1389, 1400, 1417, 1454, 1463, 1481, 1483, 1537, 1583, 1605, 1611, 1623, 1635, 1672, 1684, 1687, 1702, 1863, 1864, 1878, 1890, 2042, 2043, 2265, 2266, 2267, 2296, 2297, 2326, 2337, 2351, 2352, 2358, 2366, 2368, 2372, 2382, 2403, 2411, 2417, 2483, 2508, 2599, 2715, 2834 y 2853.

Ahora te pregunto yo, ¿rechazar, v.g. en la Vigilia de la Asunción de la Virgen del 1997 los textos del Catecismo de 1992 que fueron corregidos al día siguiente hubiera supuesto rechazar lo que enseña la Iglesia? Distíngase entre la “fides fiducialis” y el “assensus intellectus”.

Y, por supuesto, las palabras de Ottaviani nada pueden probar en contra del Catecismo de la Iglesia (habiendo sido, además, pronunciadas antes de la promulgación de éste).

* No es cuestión de probar, sino de entender rectamente el misterio eucarístico. De ahí que trajera a colación la fundamental cita de Pío XII: “es evidentemente falso el método que trata de explicar lo claro con lo oscuro; antes bien, es menester que todos sigan el orden inverso”. (Humani Generis, n. 15).

Podrías traer tú aquí 3000 citas ambiguas que hablasen de la Misa como “memorial de la Pasión y Resurrección del Señor”, lo sé y –creo– lo sabes. No se trata de eso, pero es que además ¿ serviría para algo? En realidad, basta con una sola cita magisterial clarificadora que ilumine y distinga el embrollo en que nos ha colocado la teología caseliana, para entonces “tratar de explicar lo oscuro con lo claro” como enseña Pío XII y nos pide la razón. No al revés.

La cuestión es que concretamente, en estudios teóricos o, a veces, como presupuesto que resulta prácticamente implicado en el modo en que algunos celebran ahora la Santa Misa, se niega su naturaleza de verdadero y propio sacrificio -un solo y único sacrificio con él de la Cruz. Ese es el riesgo, y lamentablemente detrás de expresiones del estilo “Las celebraciones, sobre todo las eucaristías, son fiestas”, lo que se encuentra es inevitablemente cierta teología deficiente: “lex orandi, lex credendi”: pero la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones.

En cualquier caso, las palabras de Ottaviani, «pues la Misa por su propia esencia es el memorial del único Sacrificio, que es en sí mismo redentor; mientras que, por el contrario, la Resurrección es el fruto consiguiente a aquél», casan perfectamente con las de Juan Pablo II cuando afirma que «La representación sacramental en la Santa Misa del sacrificio de Cristo, coronado por su resurrección…» (Ecclesia de Eucharistia, n. 15).

Y en cuanto a las siguientes palabras de Ottaviani, «se debería añadir también la Ascensión, si alguien quisiera retomar aquella oración “Unde et Memores”…», se engarzan también a la perfección con aquellas de Benedicto XVI cuando afirma que «la Eucaristía es el memorial de todo el misterio pascual: pasión, muerte, descenso a los infiernos, resurrección y ascensión al cielo» (Ángelus, 11 de septiembre de 2005, Castelgandolfo).

Palabras pronunciadas 8 años después de la promulgación de la edición típica del Catecismo de la Iglesia Católica.

Por cierto, aun la mera insinuación según la cual la doctrina eclesiológica y/o matrimonial y/o eucarística y/o moral etc. etc. muta después de la celebración del último Concilio, y/o de la promulgación del nuevo Código, y/o del nuevo Catecismo, y/o la edición del último libro-entrevista del Papa, etc. etc. además de ser falsa por ambigua y reduccionista… ya cansa.

Saludos.

* Igualmente.

Un fuerte abrazo en Cristo Rey

Astigarraga

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