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AL VI ARTICULETE DE D. IRABURU (V y VI)

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5. El lefebvrismo conduce al sedevacantismo…

No podía faltar el fantasmón del sedevacantismo. D. Iraburu, como historiador es un mal cronista, y como cronista un buen fabulador.

El sedevacantismo comenzó con independencia de la Hermandad de San Pío X. El iniciador fue el jesuita Joaquín Sáenz Arriaga, que publicó en 1971 su libro La nueva Iglesia montiniana. En ese mismo año, el Cardenal Wright, escribió una carta al Arzobispo Lefebvre, llena de elogios hacia la Hermandad recientemente aprobada. En 1976 Monseñor Lefebvre fijó su posición contraria al sedevacantismo en Le coup de maître de Satan. Y en 1978 dejó en claro que no se toleraría en el seno de la Hermandad a quienes se negaran a rezar por el Papa en cuanto tal, y sostuvieran la invalidez del Novus Ordo. Su posición inalterada sobre el sedevacantismo puede verse aquí. Un botón de muestra de 1988: “…Podríamos haber adoptado muchas actitudes, y especialmente aquella de una oposición radical: el Papa admite ideas liberales y modernistas, luego él es herético, por lo tanto no es más Papa. Es el sedevacantismo. Se terminó, no se considera más a Roma. Los cardenales elegidos por el Papa no son cardenales; todas la decisiones tomadas son nulas. Personalmente siempre he pensado que se trataba de una lógica demasiado simple. La realidad no es tan simple. No se puede tachar a alguien de ser hereje formal tan fácilmente (Conferencia a los seminaristas de Flavigny, – Fideliter N° 68).

Es verdad que algunos integrantes de la Hermandad han caído en el sedevacantismo. Pero no lo es menos que la Hermandad los ha expulsado. Lo que D. Iraburu no dice –posiblemente no lo sepa, porque escribe a pedido, sobre un tema que desconoce- es que la mayoría del clero sedevacantista ni siquiera ha recibido las sagradas órdenes de los obispos de la Hermandad de San Pío X.

Por lo demás, Iraburu repite la chapuza de tomar algunos textos extremos, expresivos de momentos muy difíciles, tal vez de gran oscuridad, para demostrar una relación entre Monseñor Lefebvre y el sedevacantismo. Vale recordar nuevamente que san Cipriano de Cartago tuvo expresiones fuertes en su conflicto con el papa Esteban.

6. El lefebvrismo se aproxima también en algunas cuestiones al «libre examen»

La comparación con el “libre examen” es un síntoma de deterioro intelectual que no esperábamos llegara a estos extremos. Las diferencias son abismales. Lo examinado por los protestantes es la totalidad de la revelación pública (reducida a la Sagrada Escritura), mientras que lo examinado por Monseñor Lefebvre es una parte de un concilio pastoral y no dogmático. El criterio para el examen de las novedades del Vaticano II no es la subjetividad de la conciencia personal de cada cristiano, sino el magisterio precedente de la Iglesia, claro y reiterado.

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