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AL VI ARTICULETE DE D. IRABURU (I)

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– ¿Qué pensáis del último articulete de D. Iraburu?

– Largo, reiterativo, incurre en defectos que ya señalamos. Pero algo tenemos para decir.


Iniciamos nuestra glosa con unas consideraciones acerca de la metonimia, porque es algo que D. Iraburu parece haber olvidado y es instrumento de no poca importancia si se quiere hacer una interpretación honesta de los textos. Metonimia es la figura retórica que designa la “transnominación”, es decir el cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra, sirviéndose de alguna relación semántica existente entre ambas. De los distintos tipos de metonimia apuntamos dos: I. La parte por el todo: Una ciudad de diez mil almas (habitantes: no un pueblo fantasma, supuestamente merodeado sólo por espectros); no había ni un alma (ni una persona); el balón se introduce en la red (la portería). II. El todo por la parte: Lavar el coche (la carrocería).


Pongamos un ejemplo de José Antonio Sayés (amigo de Iraburu): la expresión Iglesia pecadora. Si entendemos por Iglesia el Cuerpo Místico de Cristo, no existe más Iglesia que la Iglesia santa, que no puede ser pecadora; la expresión encierra un grave error. Pero si la fórmula Iglesia pecadora es una metonimia, que significa sólo a los que integran la Iglesia, en cuanto son pecadores, ya se trate de simples fieles o de miembros de la Jerarquía eclesiástica, la expresión no implica error. Porque “todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores” (CEC, 827; Romanos III: 23). No valoramos el sentido que tiene esa expresión en Rahner y Von Balthasar.


Podríamos decir algo del uso de la metáfora como figura retórica, pero sería subestimar a nuestros lectores y perder el tiempo. Lo que apuntamos ahora es un dato histórico que a D. Iraburu se le olvidó: en tiempos de san Agustín, Roma eterna era la garantizadora de un gobierno mundial inconmovible, signo de seguridad, estabilidad, certeza; una seguridad que para los autores clásicos que empleaban esa expresión dependía de la fidelidad de los romanos hacia los dioses. Era lo opuesto a la Roma temporal. Ya pueden ver el origen de las metáforas de Monseñor Lefebvre


Por más que D. Iraburu no vea –o no quiera ver, si es que ha leído nuestras críticas- las figuras retóricas en los textos de Monseñor Lefebvre, aquí no vamos a tener la misma ceguera hacia las expresiones de Sayés, amigo del capo infocatolico, ni le vamos a condenar con dureza, ni vamos a iniciar una saga de articuletes sobre los filo-sayesistas… El texto y el contexto muestran que Sayés usó una metononimia y precisó su significado.


Lo que nos preguntamos es si la expresión Roma temporal de Lefebvre no es una expresión metonímica referida a la parte -jerárquica y romana- de la Iglesia pecadora de Sayés. La respuesta vendrá, Deo volente, en entregas posteriores…


A suivre

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