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Sevilla

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Se cumplen años de los acontecimientos de Sevilla. No se cuantos ni me importa. Yo no olvido ni puedo perdonar, que Dios me perdone. No sé cómo me entere, Iba vestido de oscuro. Nos habíamos acostumbrado a ir de oscuro en aquellos días justo antes del Consejo de Ministros. No recuerdo como me entere. Ibamos en el AVE con Zoido. Dormí lo poco que dormí en casa de mi tía en República Argentina. Recuerdo la llegada al Ayuntamiento de Sevilla. Yo seguía a Margarita y recuerdo las palabras de la abuela. Si al menos la hubieran dejado vivir a ella para que se ocupara de los niños. Al día siguiente entré en la catedral con la escolta. Casi hasta el altar. Luego el entierro. Llovía a mares. Con mi paraguas cubría a Margarita y mojaba a Loyola. Detrás lloraban las gitanas del mercado de Triana. Hay que saber llorar por todos. Luego la manifestación. Una gran masa que casi nos aplasta en la entrada de la plaza delante del Ayuntamiento. Un enorme escolta metió dentro del Ayuntamiento a Macarena, Margarita y la mujer de Zoido. Dentro encontré a Alfonso Guerra con gesto duro, casi demudado. Volvimos en avión, venia Rodrigo Rato hoy en desgracia, quien saludó escueto. No puedo olvidar ni perdonar, ni a quienes lo hicieron ni a quienes lo disculparon o lo disculpan. Vuelve el recuerdo como una pesadilla. Dios mío como puedes permitir el sufrimiento de los inocentes. El argumento de Ivan Karamazov se hace poderoso en estas experiencias. Ha pasado el tiempo pero ahí sigue. Luego se habló mucho de los derechos de los asesinos. El derecho a matar y seguir jugando con las ideas, con los ideales, con las excusas.

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