PUBLICIDAD

Políticas de familia

|

Decía Kierkegaard, que no era muy familiarista, “Extraño contraste: el paganismo imponía tributos al celibato; el cristianismo lo recomendó”. Pese a ello, en general, las sociedades cristianas recuperaron la natalidad, con las excepciones de las tremendas hambrunas, guerras e invasiones.

El asunto, por tanto, está más en el espíritu de una sociedad, en su optimismo ante el futuro, en el ansia de vivir que se notó por ejemplo tras el baby boom. No se puede pensar que una política recupere esto, pero si se puede exigir que las políticas no sean frontalmente antinatalistas y que reflejen unos valores sociales donde la pervivencia de la propia cultura, de la propia nación, de la propia estirpe sean estimadas. No se trata tan sólo de quien paga las pensiones, es si pervivirá una forma de vida, una manera de entender la libertad personal, por qué no, una forma de rezar a Dios.

A los odiadores de la especie humana, y adoradores de mascotas, y a los enemigos de todo lo propio, y amantes de la nada globalista, todo esto les enfurece, eso está bien. Del enemigo el consejo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *