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Interés general

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Creo que Alejandro Nieto redescubre un tópico muy clásico cuando afirma que en el fondo el interés general del que tanto se habla no es más que el interés de los que tienen fuerza para determinar el interés general. Ya lo decían los atenienses en Melos “entre los dioses, es una opinión, y entre los hombres seguro, la ley natural es que los fuertes se impongan sobre los débiles”.

¿Y entonces? El factor que hay que incluir en este razonamiento es el de la pervivencia en la comunidad. No se trata sólo de que quienes están ahora arriba puedan estar luego abajo, como dijo Fenech a un decano agresivo, “piensa que esto es como la Abadía de Montserrat ahora eres abad pero en unos años puedes ser monje.” Lo que hay que considerar es que en una pervivencia duradera, por ejemplo en un centro académico, la imposición brutal de un interés particular a costa del de otros tan sólo genera resentimiento y luego hay que seguir la convivencia. Frente a lo que ocurre con la radicalidad de la política, en la definición habitual de intereses generales no se puede pensar en el exterminio del contrario. No es aplicable el principio del espadón del XIX Ramón María Narváez cuando al ser impelido a pedir perdón a sus enemigos contestó: “No puedo los he matado a todos”.

Incluso en los pactos de sumisión, de nuevo con los atenienses “lo que ganamos es no tener que destruiros”, hay que disimular. Ya sabemos que esto es difícil. Lo decía Gómez Dávila «Hablar de “voluntad de poder” es ennoblecer la verdad. El hombre, ante todo, anhela humillar.»

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