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San Juan Pablo II, protégenos del futuro al que nos lleva nuestra codicia sin Dios

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La creciente desigualdad de la distribución de la riqueza en Estados Unidos es un claro indicador de hacia dónde van a ir las economías desarrolladas en los próximos años.

Si a eso añadimos que la automatización, a causa de los programas expertos, cada año van a dejar a más trabajadores en la calle.

Y si estas dos cosas añadimos una campaña furiosa de cierto país por hacerse con el dominio mundial de la industria y las materias primas, tenemos todo servido para estar bien seguros de que los próximos diez y quince años van a ser un creciente camino de piedras y espinas para los ciudadanos de los países desarrollados.

Ahora se impone recordar las grandes verdades de la encíclica Rerum Novarum. Si no lo hacemos, nos vamos a ver abocados a un futuro tipo Blade Runner en Europa. Inmensas corporaciones poderosísimas, verdaderos gigantes, en medio de masas empobrecidas.

 

En la película, los colosales edificios de las empresas internacionales descollaban en medio de la selva de miseria de los ciudadanos comunes: hacia eso vamos.

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