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No vale el “mal menor” en el tema del aborto

El Olivo
15 enero, 2014

aborto_blog Hace pocas fechas hemos conocido el anteproyecto que modificará la ley del aborto aprobada en el año 2010 por el gobierno anterior. El presente texto legal es, en la práctica, una réplica de la ley de 1985 y de la de 2010. Con el título de “Ley orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada” (suena bien pero es puro nominalismo), el ministro de justicia ha presentado lo que no es más que una modificación de la ley actualmente vigente (promovida por la entonces ministra Aído) que, básicamente, permite el aborto libre aunque en el texto legal se hable de dos supuestos.   Desde que se aprobara la primera ley del aborto en 1985 con Felipe González, más de millón y medio de mujeres han abortado en España, la mayoría acogiéndose al llamado supuesto “terapéutico” (daños físicos y psicológicos para la madre) o, comúnmente, “coladero”. Para abortar invocando este supuesto era necesario un informe psiquiátrico. La verdad es que, como han denunciado muchos psiquiatras, frecuentemente se falseaba la realidad y, recurriendo a un supuesto daño para la salud psíquica de la madre, en nuestro país durante muchos años se ha abortado independientemente del tiempo de gestación. Actualmente, casi un 90% de las mujeres que abortan lo hacen invocando su “derecho al aborto”, derecho que recoge la ley Aído. En estos momentos, si el anteproyecto de Gallardón pasa el trámite parlamentario, muchas mujeres volverán a acogerse al supuesto terapéutico con informes que nadie controlará (otra vez el “coladero”). La única modificación significativa es que con este supuesto “sólo” se podrá abortar antes de las veintidós semanas de embarazo…   Si algo se pudiera decir de positivo de la nueva ley en relación a la impulsada por Aído, sería la desaparición del supuesto “eugenésico”, aunque en realidad siempre se podrá abortar por malformación invocando daños para la madre, como hace escasos días sugería un alto cargo del partido en el gobierno; además, las menores que opten por el aborto necesitarán del consentimiento paterno, aunque, a decir verdad, con mucha frecuencia son los mismos padres quienes “recomiendan” a sus hijas abortar.   Es necesario recordar que en el tema del aborto la mujer es una víctima que queda psicológicamente marcada de por vida. Un alto porcentaje de las que abortan lo hacen ante la falta de otras opciones y, con harta frecuencia, por desinformación, a lo que hay que añadir la socialización del aborto con la equiparación de éste a un supuesto derecho (tal y como impuso la ley Aído), derecho que con la nueva desaparece. El recordado Julián Marías, filósofo, escribió en Problemas del Cristianismo que “la ilicitud del aborto nada tiene que ver con la fe religiosa, ni aun con la mera creencia en Dios; se funda en meras razones antropológicas. Los cristianos pueden tener un par de razones más para rechazar el aborto; pueden pensar que, además de un crimen, es un pecado. En el mundo en el que vivimos hay que dejar esto -por importante que sea- en segundo lugar, y atenerse por lo pronto a lo que es válido para todos, sea cualquiera su religión o irreligión. Y pienso que la aceptación social del aborto es lo más grave que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX”.   En definitiva, estamos ante una reforma hecha desde la ignorancia de la realidad del aborto y que no responde a las demandas de las mujeres que afrontan un embarazo en situación frecuentemente penosa. Lo que necesitan es apoyo, particularmente pero no sólo, económico, y que se facilite en nuestro país la adopción de niños cuyas madres no pueden sacarlos adelante. El espectáculo doloroso de matrimonios que se decantan por adoptar fuera de España por las dificultades insalvables que encuentran aquí debería hacernos reflexionar, particularmente a quienes nos gobiernan.   Finalmente, y como conclusión, los cristianos deberíamos tener en cuenta que no existe un aborto malo del PSOE y uno bueno del PP. Según la enseñanza de la Iglesia, “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida […] Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral” (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2270-2271).  

Gabriel-Ángel Rodríguez

Vicario General de la diócesis de Osma-Soria

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