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El esplendor de la verdad brilla por su ausencia (II): Amoris Laetitia

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Por Fernando Lacalle Ripoll En un reciente post en Infovaticana advertí de la total ausencia de Veritatis Splendor en los documentos del Papa Francisco, y la incoherencia con aspectos básicos de esa encíclica, apuntada en algunas declaraciones del Papa Francisco y de sus intérpretes oficiales. Esto sorprende aún más cuando oímos que el Papa Emérito considera VS como uno de los tres documentos más importantes del pontificado de San Juan Pablo II. Por eso terminaba mi artículo sugiriendo con toda humildad que se prestara atención a esa encíclica de cara a la Exhortación Postsinodal, publicada esta mañana. Pues bien, en Amoris Laetitia el “esplendor de la verdad” (el documento) brilla por su ausencia, como se comprueba con una simple búsqueda. Pero lo que es más preocupante es que encontramos declaraciones que de modo muy claro contradicen al menos un punto esencial sobre el valor de las normas morales absolutas y su relación con la conciencia y el bien de la persona. Pero antes de comparar los dos textos y de ofrecer un comentario, es preciso que haga una aclaración: Lo que he leído de Amoris Laetitia –fuera del capítulo VIII- me fascina. Comparto, aplaudo y secundo el proyecto de “conversión pastoral” que el Papa propone, incluso en sus aspectos más audaces, pues –como él- creo que es mejor una Iglesia accidentada pero que intenta llegar a la gente que una iglesia enferma de autorreferencialidad. Pero eso no obsta para que si se comprueba que uno se equivoca de camino o se mancha de barro, sea necesario corregirse o limpiarse. Y en mi humilde opinión –que muchos compartirán- Amoris Laetitia ha patinado, con el riesgo de comprometer toda su hermosa doctrina sobre el amor familiar y su empuje evangelizador. Volvamos al argumento. Durante los debates sobre la posibilidad de ofrecer los sacramentos a personas en situaciones irregulares –singularmente divorciados vueltos a casar por lo civil, aunque nunca he entendido por qué nos referimos principalmente a estos casos y no también a personas que conviven sin vínculo matrimonial civil o canónico, matrimonios que practican la anticoncepción, homosexuales que conviven con sus parejas, etc… Durante esos debates –decía- se han ensayado por parte de quienes lo favorecían diversas “vías” para superar la actual disciplina, expuesta en Familiaris Consortio, 84, y establecer excepciones. Se ha pretendido hacer excepciones a la indisolubilidad del matrimonio –recientemente el Padre Cantalamessa-, o bien a la norma de Trento que establece el estado de gracia como necesario para recibir la comunión, y la necesidad de arrepentimiento y propósito de enmienda para que los pecados sean perdonados. También se aventuró la posibilidad de descentralizar este tipo de cuestiones “pastorales” durante el Sínodo. Pues bien, el argumento final que permite pensar en excepciones a la norma vigente –no como una norma general, sino como una posibilidad abierta en el discernimiento realizado en conciencia con ayuda de un sacerdote- está expuesto en el punto 304, dentro del capítulo VIII dedicado a las situaciones irregulares: “Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. Ruego encarecidamente que recordemos siempre algo que enseña santo Tomás de Aquino, y que aprendamos a incorporarlo en el discernimiento pastoral: «Aunque en los principios generales haya necesidad, cuanto más se afrontan las cosas particulares, tanta más indeterminación hay […] En el ámbito de la acción, la verdad o la rectitud práctica no son lo mismo en todas las aplicaciones particulares, sino solamente en los principios generales; y en aquellos para los cuales la rectitud es idéntica en las propias acciones, esta no es igualmente conocida por todos […] Cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación»[347]. Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares. Al mismo tiempo, hay que decir que, precisamente por esa razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma. Ello no sólo daría lugar a una casuística insoportable, sino que pondría en riesgo los valores que se deben preservar con especial cuidado[348]”. La confusión es mayúscula si leemos este texto –que pretende representar la doctrina moral de Santo Tomás- en contraste con el punto 52 de Veritatis Splendor: “Estas leyes universales y permanentes corresponden a conocimientos de la razón práctica y se aplican a los actos particulares mediante el juicio de la conciencia. El sujeto que actúa asimila personalmente la verdad contenida en la ley; se apropia y hace suya esta verdad de su ser mediante los actos y las correspondientes virtudes. Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vedan una determinada acción «semper et pro semper», sin excepciones, porque la elección de ese comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Está prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste, y dañar en otros y, ante todo, en sí mismos, la dignidad personal y común a todos. Por otra parte, el hecho de que solamente los mandamientos negativos obliguen siempre y en toda circunstancia, no significa que, en la vida moral, las prohibiciones sean más importantes que el compromiso de hacer el bien, como indican los mandamientos positivos. La razón es, más bien, la siguiente: el mandamiento del amor a Dios y al prójimo no tiene en su dinámica positiva ningún límite superior, sino más bien uno inferior, por debajo del cual se viola el mandamiento. Además, lo que se debe hacer en una determinada situación depende de las circunstancias, las cuales no se pueden prever todas con antelación; por el contrario, se dan comportamientos que nunca y en ninguna situación pueden ser una respuesta adecuada, o sea, conforme a la dignidad de la persona. En último término, siempre es posible que al hombre, debido a presiones u otras circunstancias, le sea imposible realizar determinadas acciones buenas; pero nunca se le puede impedir que no haga determinadas acciones, sobre todo si está dispuesto a morir antes que hacer el mal. La Iglesia ha enseñado siempre que nunca se deben escoger comportamientos prohibidos por los mandamientos morales, expresados de manera negativa en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como se ha visto, Jesús mismo afirma la inderogabilidad de estas prohibiciones: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos…: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso» (Mt 19, 17-18)”. Evidentemente, lo que sostiene el Papa Francisco citando a Santo Tomás se corresponde perfectamente con las normas morales positivas, y por lo tanto con las exigencias del amor matrimonial por ejemplo. Pero no en el caso de las normas morales negativas, como la que prohíbe –según la cita explícita de VS- el adulterio. Esa norma vale Semper et pro Semper. Y como explica la encíclica más adelante, aunque su expresión debe ser inculturada y sus implicaciones dilucidadas en un proceso personal de discernimiento, su contenido esencial no puede ser alterado por nadie. Nótese que se trata de normas de moral natural, no de normas disciplinares de la Iglesia, o de consecuencias indirectas de los primeros principios. La enseñanza sobre la existencia de normas morales absolutas no es un principio pastoral ni disciplinar. Es una enseñanza crucial de la moral natural, de la que la Iglesia es intérprete, y que no queda anulada –como también explica la Encíclica- por la “nueva moral” de Jesucristo, que no toca ni una tilde de la ley. Amoris Laetitia, salvo que se ofrezca una interpretación oficial alternativa, no solo abre la puerta para cambios pastorales o disciplinares: propone una visión de la moral que se contradice con la enseñada por la tradición y por los papas recientes en documentos de la máxima importancia. Esto es un problema, como es natural, que no puede ser ignorado o dejado de lado, aunque tampoco es conveniente ponerse nerviosos. El Papa es el Papa, pastor de la iglesia universal, y puede equivocarse, y no pasa nada particularmente grave. Es preciso sin embargo abordar esta cuestión con la mayor delicadeza, sin prisas, sin prejuicios ni alarmismos, intentando dialogar con la persona del Santo Padre y sus colaboradores para aclarar los puntos de confusión que se siguen de esta discrepancia de principio. En ese proceso, ciertamente, no ayudan las caricaturizaciones que se hacen en Amoris Laetitia de quienes se oponen a las aperturas pastorales apuntadas en ese documento. Se habla de posiciones pastorales más rigurosas. Y es verdad que las hay, y que hay motivos para pensar que la actitud pastoral debería ser diversa. Pero como creo haber mostrado, lo arriba dicho no es un approach pastoral, sino una enseñanza clave de la moral católica y de la ética filosófica de inspiración cristiana. Más perturbadora aún es la insinuación de que quienes se oponen a hacer excepciones a normas morales absolutas son “los corazones cerrados, que suelen esconderse aun detrás de las enseñanzas de la Iglesia «para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas»”. Aquí nadie juzga a nadie (o al menos eso espero). Y en mi caso soy más que favorable a que la Iglesia cambie su modo de afrontar las situaciones irregulares en el ámbito de su praxis ordinaria e incluso en sus propuestas para orientar la legislación civil. Veritatis Splendor no es una piedra que lanzar a la cabeza de las personas que pasan por situaciones complicadas, y mucho menos a la cabeza del sucesor de Pedro. Espero que tampoco Amoris Laetitia se convierta en el canto rodado de los apóstoles de la misericordia.

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0 comentarios en “El esplendor de la verdad brilla por su ausencia (II): Amoris Laetitia
  1. Preparar el camino del pecado: En un análisis de voice of the family…por gloriatv..more catholics

    “Confundido: De acuerdo con la Voz de la Familia: Amoris Laetitia presenta una exposición confusa de la doctrina católica sobre el pecado mortal y en la conciencia. Sustituye a la terminología católica con un lenguaje ideológico y cita los documentos anteriores en la Iglesia de una manera selectiva y engañosa.

    Preocupante: Hay una cita errónea que se refiere a Familiaris consortio, en donde el Papa Juan Pablo II dice que las personas divorciados vueltos a casar, por motivos graves pueden permanecer juntos por el bien de los niños. Pero Francisco suprime la declaración del Papa Juan Pablo II que estas parejas están obligados a vivir en la abstinencia sexual.

    Los padres olvidados: Francis habla extensamente de la necesidad de la educación sexual. Pero él no hace ninguna referencia a los padres. De acuerdo con la educación sexual Familiaris consortio es “un derecho y deber fundamental de los padres”, que “siempre debe llevarse a cabo bajo su dirección solícita”.

    ¿Familia? En el párrafo 53 Francis afirma que – cita – “Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, no pueden equipararse sin más al matrimonio”,.” La voz de la Familia comenta: “la implicación de que” uniones del mismo sexo “forma parte de la” gran variedad de situaciones familiares “es por lo que grupos pro-familia están luchando con fuerza para oponerse.”

    La ideología de género: Francis apoya la ideología de género al afirmar que el sexo biológico y “género” socio-culturales se pueden distinguir. Voz de la Familia dice que esta falsa distinción fue propuesta por primera vez en la década de 1950 y es la base de la ideología de género.

    Ignorando el Aborto: Aunque Francisco aborda los retos de la familia, hace sólo un pequeño número de referencias y de pasada al aborto. Esta ausencia de una discusión seria sobre los ataques a la vida por nacer es una grave omisión.

    Una amenaza: Voz de la Familia concluye: “Está muy claro que el documento no da una exposición clara y fiel de la doctrina católica.” Se considera al documento – cita – “como una amenaza a la integridad de la fe católica y el auténtico bien de la familia.”

  2. Me parece excelente que el papa Francisco no cite veritatis splendor. Creo que esa encíclica es la culpable de parte de los problemas de la rigidez de la moral católica especialmente en materias familiares. Pone en énfasis en la norma moral pero le falta un enfoque personalista. No se puede fundar la moral en actos como lo hace esa encíclica. Se basa principalmente en el decálogo y el texto evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico. Le falta referencia a otros textos más relevantes para construir una doctrina moral como las bienaventuranzas y Mateo 25. La verdad es que me alegra que el magisterio de este papa socave la obra de Ratzinger.

  3. Acabo de leer a Santiago Marin..el analiza la cuestion doctrinal y agradece a Burke..Muller..Sarah todo su esfuerzo y perseccucion para hacer con tan poco tanto. Dice que no habra cisma ni carta abierta para todos.
    pero para mi el texto es ambiguo..como tendencia de jesuitas que intentan compaginar soluciones para todos los principes.. incorpora ambigùedades..mezclandolas de misericordia..vacia la lengua sagrada para anteponer una lengua mundana y psicologica..citando incluso autores y escritores de epoca sin santidad de vida.

    Tomo al azar la Biblia
    En reunion de pecadores
    Se enciende el fuego,
    Y en pueblo que no cree se inflama la ira.
    No fue benevolo con los antiguos
    gigantes,
    que se revelaron confiados en sus fuerzas,
    No perdono a los conciudadanos de Lot,
    a los que reprobo por culpa de su insolencia.
    No tuvo piedad de naciones malditas,
    que se dejaron llevar por sus propios pecados.
    Asi trato a los seiscientos mil de a pie,
    que se habìan reunido por la DUREZA DE SU CORAZON.
    Aunque hubiera uno solo de dura cerviz, seria asombroso que quedase inmune. (Ya nos esta afectando)
    Pues misericordia e ira son propias de Dios, poderoso cuando perdona
    y cuando derrama su ira.
    Tanta como su misericordia,
    lo es su severidad;
    El juzga al hombre segun sus obras.
    No escapara el pecador con su rapiña. (Me incluyo),
    ni quedara en vano la paciencia del justo

  4. Pero en esta guerra de trincheras nadie dice la verdad, que el Dios en que se cree en una tribuna y en la otra no es el mismo. De que comunión se habla?

  5. No existe contradicción alguna entre la VS y lo afirmado por el Papa que no niega la validez Semper et pro semper de la norma moral, al contrario, lo afirma explicitamente. Lo que niega es que porque algo sea materia grave eso implique necesariamente que la persona haya pecado (o este pecando) mortalmente, algo que es doctrina católica de catecismo básico.

  6. Gracias.. tengo que reelerlo porque es muy rico su articulo.

    Dios tiene varias facetas… y la Ira de Dios es amor… como el del esposo que ve a su esposa actuando con injusticia e indiferencia.
    El esposo le retira el rostro …
    Y creo que nuestro Dios esta en ese punto casi .. El nos dira que facilmente mentimos!
    Lo mejor y luminoso es obedecerle a El..

    El tiempo de misericordia es el anterior al de la Justicia… y este era tiempo de conversion y no recesion.

  7. Se agradece al autor del artículo su celo por escribir en extenso acerca de la defensa que hay que hacer sobre los principios morales incuestionables; pero también es de advertir que la extensión de la Exhortación apostólica no consiente prisas que puedan dificultar una sosegada lectura y un análisis desapasionado.

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