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“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”

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San Pedro

Hoy me pasaban una foto de esas que se difunden en Whatsapp, en los grupos de amigos de universidad, de trabajo, etc… Fotos que todos hemos recibido alguna vez -estas Navidades de manera desproporcionada-, fotos en muchas ocasiones graciosas, pero que a veces ofenden el buen gusto, la educación, y sobrepasan la barrera del humor para pasar a la ofensa para quien las ve. En el caso al que me refiero, ha sido una foto irreverente con Jesucristo, pero ejemplos hay miles. Aún tenemos reciente aquello que publicó Infovaticana sobre las fotos que un locutor de Megastar difundió en su día en una red social, que han herido muchas sensibilidades. Este caso era más llamativo, ya que el sujeto en cuestión trabajaba hasta hace poco en una emisora propiedad de la COPE, es decir, de la Iglesia. Pero con esto, lo que quería traer a colación era el asunto de las blasfemias. Hoy quería reflexionar sobre las fotos «blasfemas».

El lector habrá notado que pongo «blasfemas» entre comillas y eso se debe a que el adjetivo es bastante relativo en los casos a los que me refiero. Pueden ser blasfemas las imágenes, pero no las personas que las difunden, al menos no la mayoría. En general, la gente que difunde este tipo de fotos, lo hace sin maldad. Como dijo Jesús en el Calvario «no saben lo que hacen», para ellos son bromas sin intención de hacer daño, lo ven como tomarse con humor o irreverencia algo que es serio para algunos. Quien no ha dicho alguna vez una broma racista, machista, feminista, antisemita, etc… Y no por ello se es machista, racista, feminista o nazi. Para que una blasfemia pueda ser calificada como tal en sentido estricto, debe haber clara intención de ofender a Dios. Y en la mayoría de estos casos no hay esa intención.

Dicho esto, es verdad que hay ciertos límites que no se deberían pasar, eso es otro cantar. Una cosa es hacer una pequeña broma, o una pequeña irreverencia, y otra burlarse descaradamente de las creencias de alguien. Pero es difícil para alguien que no tiene Fe, darse cuenta de lo que suponen ciertas «bromas» hacia ella. La Fe, para aquellos que han tenido el don de recibirla, es algo primordial, fundamental en su vida. Supone la razón de ser de un creyente. Pero claro, muchos no son conscientes de lo que eso significa, desgraciadamente no han tenido la gracia de haberla recibido. Por tanto, ante estas «ofensas» hay que tratar con cariño a quién las hace y explicarle con delicadeza que hay bromas que pueden ofender.

Por otro lado, sin embargo, están los que van a hacer daño, y los hay. Sinceramente creo que no hay muchas, pero es cierto que hay personas que saben lo que se hacen y van a dar donde más duele. No hay que ser tontos. Pero con ellos, aún más paciencia, aún más misericordia. En el Evangelio tenemos el ejemplo de Jesús. Que mayores blasfemias hay que las que le hicieron aquellos que le pegaban, insultaban, escupían…y Él no abría la boca contra ellos, no les respondía de malas formas ni les insultaba. Sentía lástima y oraba a su Padre por ellos. Esa es la actitud correcta creo yo, rezar por ellos. De hecho en una escena del Evangelio -cuando le prenden en el huerto de los olivos- San Pedro se lanza contra uno de los que atacaban al Señor con una espada. Ante ello, Jesús le reprende y le dice que deje la espada. A veces podemos sentir impulsos como los que sintió Pedro, pero en el Evangelio Jesús nos enseña el camino, y no es ese. Tenemos que dejar la espada. Dejar la espada y mirar con compasión.

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