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Inmaculada y preservada de todo pecado y concupiscencia

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Un lector envía la siguiente homilía sobra la Inmaculada Concepción. Es de 1989, ingeniosa y piadosa a la vez. ¡Qué fuerte el párrafo de inicio! El Gran Inquisidor del Santo Oficio, en audiencia concedida al Tonto del Pueblo, solo quiso añadir: —Sé piadoso, alaba a María. Pero no creas que Ella estaba en el mismo estado de ausencia de pecado original que Adán y Eva, y que por eso podía pecar. La gracia de Cristo, que recibió en previsión de los méritos del Redentor, la dotó de una santidad del todo particular, infinitamente superior a la de nuestros primeros padres y a la de todos los Ángeles y Santos juntos. Y por singular privilegio, que no por sus propias fuerzas ni méritos, de hecho no podía pecar. —¿Y C.S. Lewis, que dice que Jesús fue tentado como nosotros y más que nosotros, tesis que el homileta extiende a María? —C.S. Lewis tiene páginas luminosas, pero fue hereje y cismático, y bastante hostil a la única Iglesia de Cristo. Es falso que Cristo sintiera la tentación de la misma manera que nosotros, porque no tenía la concupiscencia o inclinación interior a pecar. Tampoco la padeció María. Sufrieron ellos, Hijo y Madre, más que nosotros los sufrimientos físicos y morales; fueron tentados por el demonio y por el mundo, con más fuerza que nosotros; pero no sufrieron la inclinación interior a pecar, que padecemos nosotros. Son capaces de compadecerse y nos ayudan. Ella padeció la oscuridad de la fe y esperó contra toda esperanza… ¡Pero en su interior jamás experimentó la tentación del desorden de las pasiones, que a nosotros se nos ha dado como una bofetada de Satanás! El Santo Oficio no pretende definir, mediante este acto —la simple entrevista concedida a un Tonto—, las cuestiones disputadas entre los teólogos, sino recordar la fe sencilla de los creyentes en la superior santidad singular de María y su completa inmunidad respecto de la concupiscencia por singular privilegio divino, que la hizo inmune de todo pecado. De Maria numquam satis!   __________________________   P.S.: El Gran Inquisidor fue a presentar estas enseñanzas al Santo Padre, para su ratificación, pero los guardias suizos lo detuvieron en el portón de bronce. Lo confundieron con el Tonto del Pueblo. Nos vengaremos.

Comentarios
0 comentarios en “Inmaculada y preservada de todo pecado y concupiscencia
  1. Existe desde siempre cierta confusión cuando se habla de la Concepción Inmaculada de María. Una confusión que viene dada por la proyección de lo que significa para nosotros el pecado original. Se habla de preservación de todo pecado y concupiscencia para definir el dogma y no seré yo quien niegue esa aseveración. Pero no debemos olvidar que el hombre, en un inicio, es creado a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, sin pecado original. Sin embargo, el pecado existía, ya, por la caída del ángel del Señor. Se identifica pecado original con la desobediencia de nuestro primeros padres y se especifica su pecado como un pecado de soberbia aunque de hecho en cualquier pecado se contienen de algún modo todos los pecados.
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    Adán y Eva desconocían la ciencia del bien y del mal por lo que no pudo surgir de su interior concupiscencia o tendencia alguna al mal ni conciencia del bien pues todo lo creado era bueno. El origen del mal debemos buscarlo en la criatura mencionada anteriormente. Es la serpiente la que tienta, que viene de tentar y no de imponer, la que seduce con un bien al que todo hombre está llamado: ser como Dios (procrear, nombrar, dominar,…) pero sin ser Dios. Es más que dudoso que ambos pudieran llegar a creer que podían ser dioses -fueron los últimos en la creación- por lo que únicamente una cosa pudo llevarles a la comisión del primer pecado, el engaño. La mentira de la serpiente y la desobediencia plenamente consciente por haber sido advertidos con anterioridad. Es la obediencia de María, su humildad y confianza -no sabía cómo-, la que permite redimir por medio de Cristo aquél primer pecado y los que vendrían después.
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    Así que hablar de Concepción Inmaculada es hablar de obediencia y más categóricamente de La que no está, ni puede estar, sometida a engaño. El pecado de nuestros primeros padres nos hizo hijos del diablo, esclavos de la mentira. Porque la mentira, la falsedad, el engaño son el detonante de todo pecado siendo su rasgo determinante que habita entre las sombras. No es fácil obedecer porque no es fácil reconocer el plan de Dios para cada uno de nosotros. La manifestación sobrenatural es inequívoca pero la fe personal está transida por nuestra debilidad corporal e intelectual, nuestras dudas y desconfianza.

    La obediencia de María sólo fue posible porque fue creada, concebida, preservada de la esclavitud de la mentira pudiendo, así, compartir la misma naturaleza humana que su divino Hijo. Ella es el Esplendor de la Verdad, la Estrella de la Mañana, el Asiento de la Sabiduría y a Ella nos asemejamos cuando recibimos el Bautismo. Esta es la diferencia entre vivir en un país de bautizados o en otro en el que no lo están.

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