Infovaticana
El Santo Oficio

AL N-351: ¡Es una trampa!

corregos
17 abril, 2016

AL N-351. No es su número de vuelo. Es la referencia estrella de esta continuación de la batalla por defender la sana doctrina, en medio de la confusión reinante que ha provocado la decisión del Papa Francisco de —expresamente— no zanjar las controversias suscitadas durante los sínodos sobre la familia. La nota 351 de Amoris laetitia ha dado lugar a todo tipo de cavilaciones acerca de la comunión sacramental para los divorciados que viven en uniones ilícitas.   El Santo Padre ha sido interrogado en el avión (¡el avión: novus locus theologicus!) y ha arrojado más luz sobre su pensamiento y sus intenciones; pero, al remitirse al Cardenal Schönborn, nos deja la tarea de desentrañar a su intérprete. Mas algo queda claro: el Papa quiere innovar en alguna medida, pero también quiere que lo discutamos, no que lo aceptemos a ciegas.   Esta es la sección relevante de su diálogo en el avión, con el periodista Francis Rocca, del Wall Street Journal.

Francis Rocca: —Algunos sostienen que nada ha cambiado respecto a la disciplina que gobierna el acceso a los Sacramentos para los divorciados y los vueltos a casar, y que la ley y la praxis pastoral y obviamente la doctrina permanecen iguales; mientras que otros sostienen que mucho ha cambiado y que hay tantas nuevas aperturas y posibilidades. La pregunta es para una persona, un católico que quiere saber: ¿hay nuevas posibilidades concretas, que no existían antes de la publicación de la Exhortación, o no?   Papa Francisco: —Yo podría decir «sí», y punto. Pero sería una respuesta demasiado pequeña. Les recomiendo a todos leer la presentación que ha hecho el Cardenal Schönborn, que es un gran teólogo. Él es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y conoce bien la doctrina de la Iglesia. En esa presentación hallará la respuesta a su pregunta. ¡Gracias!

De antología.   El Santo Padre afirma lo que casi todos ya decían. Unos lo decían para criticarlo por apartarse de la praxis tradicional e incluso de la doctrina, o para reducir sus palabras a un no-magisterio pontificio… después de dos sínodos y varias catequesis y cientos de páginas reflexivas de un Papa (la hipótesis estrambótica de Cardenal Burke). Otros lo decían para llevar el agua al molino de lo que hace décadas es praxis corriente entre muchos sacerdotes: dar la Comunión sin preocuparse de supuestas incompatibilidades matrimoniales. Solamente un puñado de negacionistas seguían en sus trece: que no, que nada cambia, que nada puede cambiar, que Francisco y Benedicto son la perfecta y santa continuidad. Mas la respuesta breve del Papa es clara: él podría decir que sí y punto. ¿Sí qué? Que sí «hay nuevas posibilidades concretas, que no existían antes de la publicación de la Exhortación», «respecto a la disciplina que gobierna el acceso a los Sacramentos para los divorciados y los vueltos a casar».   Esa es la respuesta clara, aunque «demasiado pequeña».   ¿Y la respuesta grande? El Papa se remite al Cardenal Schönborn. El Maestro Supremo de la Moral católica se apoya en la autoridad de un «miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe», que «conoce bien la doctrina de la Iglesia».   De antología.   Porque la doctrina de la Iglesia, reiterada durante siglos, la conocemos bien muchos católicos —la fe no es un saber esotérico—, que la hemos aprendido en sus fuentes, desde la Sagrada Escritura y la Tradición atestiguada por los Padres de la Iglesia hasta los últimos escritos del Santo Padre. Entre quienes conocen bien esa doctrina —no entre los que la han olvidado, ni entre quienes viven abandonados de sus pastores— existe la presente confusión, que para algunos —me consta— se ha constituido en angustia y zozobra.   El testimonio del Cardenal Schönborn, en todo caso, tiene ahora el incontrovertible valor de la autoridad del Papa, que —huelga decirlo— es mayor que la de un cardenal y teólogo. El Cardenal ha propuesto varias claves de lectura de Amoris laetitia, todas ellas de una sutileza casi angélica. Antes de referirme a su presentación oficial en El Vaticano, propongo a los lectores pensar dos consideraciones aportadas al día siguiente, en Austria, porque pueden ayudar a leer el documento con la libertad de discutirlo que el Papa quiere, sin escandalizar por eso a los fieles. Veritatem facientes in caritate!   Schönborn afirma, en primer lugar, según el reporte de Edward Pentin, que «no debería haber un rechazo a discutir» los contenidos de la Exhortación, dentro de una actitud general de sumisión al Magisterio del Papa. «El Papa sería el último en no querer discutir lo que él propone», añade el Cardenal. «Necesitamos esta discusión franca porque todos estamos en busca de la verdad», insiste sin dudar.

Y esa es mi propuesta del capítulo precedente, que ha suscitado alguna molestia comprensible, pero que estimo es la forma de ser leal con el Papa, como nos confirma el Cardenal Schönborn.   En segundo lugar, Schönborn nos cuenta que el Papa le dijo, durante una audiencia privada entre los dos sínodos, que concentrarse en la cuestión de los divorciados recasados civilmente «es una trampa» porque puede oscurecer «el cuadro total». Por eso, el Cardenal invita «metodológicamente» a «poner entre paréntesis esta pequeña nota al pie», la nota 351, que parece aludir crípticamente a la cuestión. Enfocarse en la referencia a la Eucaristía es una «estrechez» difícil de superar, mas hemos de superarla para «abrir nuestra mente y nuestro corazón a este documento».   El Papa Francisco también se ha enfadado y entristecido, como cuenta en la misma conversación en el avión de regreso desde Lesbos, por el foco mediático en ese asunto, al lado de la gravedad de la situación de la familia en el mundo.   Insisto, pues, en que primero hemos de mirar «el cuadro total» de Amoris laetitia, poniendo entre paréntesis las controversias. AL N-351 y otros pasajes similares son una trampa. Mas luego debemos, sin duda y sin merma del afecto, poner en discusión los puntos difíciles, sin escamotearlos.   El Papa Francisco así lo quiere.

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