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Agradezcamos los beneficios recibidos a través de la traición de Judas

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El Santo Oficia repudia y condena la declaración conjunta de un organismo de la Santa Sede y un grupo luterano, donde los firmantes se declaran «muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma».

 

Sin embargo, en un ejercicio de hermenéutica de la continuidad, le damos a tan nefasta declaración un sentido análogo al agradecimiento por los dones espirituales infinitos recibidos de la Pasión de Nuestro Señor, que fue posibilitada a través de la traición de Judas Iscariote. Porque por supuesto que la parte católica no quiere decir que el gran cisma haya sido una cosa buena; o que las herejías condenadas en Trento hayan sido dones espirituales. Lo que quiere decir es que, a través de la Reforma (un nombre poco apto, porque la Reforma católica comenzó mucho antes: de hecho, en España había ya casi terminado por 1517: a ver si celebran esto los españoles) recibimos un castigo saludable y fuimos madurando en la fe, por contraste con las herejías, gracias a la lucha denodada de San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús y muchos otros santos.

 

Fuera de eso, les digo a todos mis amigos luteranos —que los tengo y los estimo con inmensa caridad en Jesús, Dios y Señor nuestro— que para vivir la caridad entre nosotros y avanzar en la unidad no necesitamos de estas payasadas. Lo único que se hace con esto de ensalzar a un hereje y cismático es ridiculizar los intentos por acercarnos más a la meta de ser un solo rebaño bajo un solo pastor.

 

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