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Una carencia en la carta de Monseñor Sánchez González

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El obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Sánchez ha escrito una carta pastoral, en la que trata sobre las clases de Religión en los centros escolares.

Esta es la entradilla que le hace Ecclesia digital:

Monseñor José Sánchez González manifiesta una vez más su preocupación por el descenso en el número de alumnos, cuyos padres o ellos mismos solicitan Enseñanza de Religión Católica. En algunos Institutos el descenso es alarmante y, de continuar así, desaparecerá en ellos la Asignatura de Religión y Moral Católica. Asimismo urge a la responsabilidad y a la obligación moral de padres y alumnos de formarse en su fe, en el conocimiento de sus obligaciones para con Dios, con ellos mismos y para con los demás, de conocer la historia de su Religión, de su Iglesia, de su culto, de sus preceptos y derechos, de su compromiso como creyentes, de sus relaciones con otras creencias y religiones.

El contenido se puede leer pinchando aquí

Tras la lectura de esta misiva pastoral, expongo mi opinión:

1.- El obispo menciona la desaparición posible de la asignatura de Religión y lleva razón. Ya está ocurriendo en otras partes de España.

2.- El obispo apunta a la responsabilidad de los padres de los alumnos para que se preocupen de pedir la clase de Religión. También lleva razón.

3.- El obispo habla de cómo las autoridades de la autonomía, con una legislación propia, hacen mangas y capirotes con la asignatura. También lleva razón.

4.- El obispo no cita a los profesores de Religión, quienes también tenemos una altísima responsabilidad en la preparación, en el desarrollo y en los frutos de las clases. A los alumnos de Religión, que están allí libremente, no se les puede dar gato por liebre, no se les puede entretener con cuatro cuentos, no se les puede decir que se pongan a estudiar en vez de dar clase seria y responsablemente.

Somos, todos, los profesores de Religión, quienes debemos plantearnos, a nivel personal y colectivo, sobre el producto que estamos dando en las clases. Debemos motivar al alumno a que escoja Religión de un curso a otro. Tenemos que usar todos los métodos pedagógicos posibles, de modo singular los audiovisuales y las nuevas tecnologías, en las clases. Y, sobre todo, deben ver al profesor de Religión como un cristiano convencido de que lo que enseña lo vive, y que lo que enseña lo celebra en la Eucaristía, y que lo que enseña es el seguimiento del Divino Maestro, cuya doctrina y persona es capaz de motivar al joven a ser cristiano en una sociedad donde serlo hoy es una raya en el agua.

Sirvan estas reflexiones, las de monseñor Sánchez y las que he aportado, a que nos preparemos todos los docentes de Religión a entrar en el próximo curso con la formalidad que requiere el enseñar, no en nombre propio, sino realizando una misión de la Iglesia, que es quien nos nombra para estar en un instituto.

Tomás de la Torre Lendínez

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