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Un juego es mejor que dos

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En mis largos años de jugador aficionado de ajedrez he tenido presente que un tablero roto no sirve para ejercer la estrategia de mover las piezas blancas y negras. El tablero debe estar entero y en buenas condiciones de juego. He observado jugadores que, ante su evidente inutilidad para marcar el reloj y mover piezas, han encontrado o jaque mate a las primeras de cambio, o han pedido agua y han tirado la toalla, al modo boxístico. He contemplado jugadores que han deseado demostrar su categoría profesional que han mantenido dos juegos a la vez, en las tablas diferentes, con contendientes diversos. Han terminado con la lengua fuera, la cabeza partida y las lágrimas chorreando por sus mejillas, ya que han recordado la sentencia evangélica: «Nunca se puede servir a dos señores: a Dios y al dinero». Los grandes cerebros, que los ha habido y los tenemos, son capaces de mantener varios juegos a la vez. Pero un simple personaje que pegó una patada al tablero, porque no ganaba nunca, solamente es capaz de juntar unas piezas, moverlas simplemente, y aceptar derrotas tras derrotas. Ahora se marcha. Vaya en paz. Más vale jugar una precaria partida, que creerse un gigante cuando no pasa de ser un pobre siervo inútil, que llega a donde puede, sin darse cuenta que el resto lo pone el Señor. Tomás de la Torre Lendínez

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