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¿Quien limpia los vasos sagrados de la liturgia?

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Una lectora atenta del blog me plantea, a la vista de una experiencia vivida semanas pasadas, si cualquier persona puede tener acceso a los vasos sagrados de la Eucaristía y limpiarlos…….

Antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, era el obispo diocesano, a petición del párroco, quien, mediante un oficio escrito, determinaba a la persona con nombre y apellidos que estaba capacitada canónicamente para tal menester. Esta misión se extendía para el lavado de la ropa litúrgica y de los corporales y purificadores, elementos esenciales para la celebración de la Eucaristía.

Tras el volcán que luego vino, aquellas normas menudas de liturgia practica y elemental fueron al trastero de los recuerdos, como las casullas, los cubre cálices, los manípulos, y tantos otros utensilios que llevaban siglos usándose.

En aquellos convulsos años se dieron tantas “experiencias” que cada lector podrá recordar algunas de las anécdotas, y, a veces profanaciones rayando en el sacrilegio, que ocurrieron y no eran recogidas por la prensa de aquellos años, pero están escritas en la memoria de los testigos y de los protagonistas.

Actualmente, la recomendación es que quien haga esos servicios necesarios tanto con la ropa litúrgica como con los vasos sagrados, sean personas de probada fe cristiana, de colaboración apostólica parroquial, con la formación suficiente para conocer lo que tienen entre sus manos, y con una vida pública de acreditada fe cristiana.

Los equipos de liturgia, existentes en muchas parroquias, son los depositarios de tales misiones. Es responsabilidad del pastor formar, informar, y dirigir que estas personas puedan cumplir su misión lo mejor posible.

Donde existe una comunidad religiosa femenina en el servicio parroquial, son ellas las encargadas de todo esto. Pero la escasez vocacional está dejando puestos sin cubrir.

Siempre, será el buen juicio pastoral del párroco, quien haga que el equipo de liturgia responsablemente educado concentre estas acciones entre sus servicios a la comunidad cristiana que se reúne para celebrar la Eucaristía.

Tomás de la Torre Lendínez

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