PUBLICIDAD

Pintores nocturnos

|

Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 27 Conforme fui aprendiendo la lengua latina en el Seminario Menor de Baeza, entré en contacto con ciertas frases clásicas del latín escrito por los autores antiguos. Una de ellas era: “Nomina stultorum in ómnibus partibus est”. Cuya traducción es: “Los nombres de los tontos en todas partes aparece”. Seguramente en la Roma imperial existían los grafiteros, no con botes de spray, sino con cincel o tiza. Esos pintores nocturnos que han colocado sus nombres en la plaza de San Ildefonso, investigados por la policía local, tratando de hacerles pagar por los efectos causados al haber manchado el patrimonio municipal con pintarrajos ilegibles y con sus nombres o de sus amigos, verdaderos tontos de verse estampados con un bote de spray negro. Algunos tontos elevaron el grafiti a la altura del arte urbano, cuando ofrecían a esos “pintores” paredes de calles para que lo hicieran a la luz del día y huyeran de la oscuridad nocturna. Varios cerebros partidos, como una calabaza tras salir del horno en estas fechas en torno a San Antón, organizaron concursos de pintura rápida, donando la pintura metida en el bote y hasta algún dinero extraído de los presupuestos públicos. Hubo un cura que se encontró a un pintor pintando, realmente bien, en el suelo de las calles madrileñas, y lo invitó a estampar en las paredes internas de una iglesia auxiliar de la parroquia del pueblo donde ejercía su servicio ministerial. Así ocurrió. Aquel pintor dejó una bella muestra de la pintura religiosa mural actual en la iglesia de Santiago en el pueblo de Vilches, recogida en un amplio reportaje en nuestro diario IDEAL expresado con excelentes fotografías. Desde tiempos pasados la Iglesia Católica ha servido de mecenas a aprendices, o alumnos de talleres de pintores afamados, a quienes ofrecía la forma más sencilla de pasar a la posteridad: haciendo que con su paleta y pincel realizaran copias de cuadros afamados. De esta sencilla manera, se salvó la reliquia del Santo Rostro, durante la invasión de los franceses en la guerra de la Independencia. Un pintor rápido acometió una copia digna en tiempo corto. Se guardó en la catedral de Jaén. Y el original se escondió en la casa de un canónigo sita en la calle Jorge Morales. Los invasores se tragaron el plagio y no pasó nada a la pieza maestra del Santo Rostro, verdadero motivo de la construcción de nuestra bella catedral. Los aficionados a la basura de ensuciar la plaza de San Ildefonso no pasarán nunca a la historia, porque son tontos, como reza, el dicho latino, y además, lo toman al pie de la letra de la sentencia castellana que dice: “Se lo ha pasado mejor que un tonto con una tiza”. Acción ésta que los profesores en centros públicos hemos corregido millares de veces, tratando de convencer que la tiza es un instrumento de trabajo escolar y nunca un producto para pintar monas en la pizarra que sirve a todos los docentes en las asignaturas para explicar la acción educativa que como maestros tenemos obligación de efectuar. A los desconocidos emborronadores de San Ildefonso se les puede caer el pelo, si las pesquisas policiales dan con ellos. Aunque el mejor modo de corregir sus afanes de ensuciar el patrimonio municipal sería meterlos a limpiar con los productos equis la propia caca que han dejado en el suelo, e invitarlos a que ingresen en la Escuela de Artes y Oficios para su educación en pintura. Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.