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No ha vuelto la Inquisición

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En la Iglesia no ocurre nada nuevo. Es la misma de siempre. Únicamente ha llegado la hora de poner los puntos sobre determinadas íes, que durante largos años han acampado a sus anchas por el territorio eclesial.

Durante los nostálgicos años posteriores al Concilio, la Iglesia fue excesivamente condescendiente con trompetazos y salidas de tono dentro de la voz coral que nos dejó Jesús: Un solo Señor, un solo bautismo, una sola fe, un solo Padre de todos que lo llena todo y lo inunda todo.

La historia de la Iglesia, desde sus mismos orígenes, ha tenido que reaccionar ante las herejías que pretendían rajar el mapa eclesial llevándose las ovejas a otros pastos y a otras fuentes, que no tenían ni la hierba sana ni el agua limpia.

Así, en la conciencia de la Iglesia Católica, nació el Magisterio de la Iglesia plasmado en los concilios provinciales, regionales o universales, en donde fue determinándose la unidad de la fe bajo el cayado el Único Pastor.

El Vicario en la tierra del Buen Pastor, el Papa, sucesor de Pedro, sobre cuya piedra se asienta la Iglesia, tiene la triple misión de enseñar, santificar y regir. En este verbo: regir, reside la argumentación para detener a quienes adorándose a si mismos han pretendido o pretenden saltarse la tapia del redil, en vez de usar la única puerta que es el mismo Cristo.

Durante los más de dos mil años eclesiales, han sido muchos los filibusteros que han partido la unidad eclesial. Antes se conocían muy poco. Hoy, gracias a los medios de comunicación instantánea sabemos los sucesos casi a la hora que se producen, y el eco es muy fuerte. Determinados medios de información se encargan de vocear los hechos y los documentos con crudeza y ganas de derruir la Iglesia Católica.

Ya era hora, y ha llegado, que desde Roma se tomen decisiones valientes para señalar a los falsos pastores que tienen hecha una religión a la carta, que enseñan a los fieles, quienes se sienten atraídos por unas novedosas mentiras tan antiguas como el propio mundo en el que vivimos.

No ha vuelto la Inquisición. Es que nunca se ha declinado la responsabilidad de gobernar y regir la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana. No existen delaciones, ni chivatazos. Es que cuando un pastor, vestido con piel de oveja, enseña, como doctrina verdadera, una letanía de mentiras y falsedades contra el Credo del Pueblo de Dios, es el mismo pueblo quien levanta la voz diciendo que por esa boca habla el demonio buscando a quien devorar.

La Santa Sede espera, tiende puentes de diálogo, llama la atención pastoralmente, y si ese pastor vestido como si fuera una oveja, descubre su patita de lobo, se le manda callar, y si viene al caso, se le aplica la sanción que se merezca según sus palabras y obras. Y esto es todo.

Por lo tanto, en la Iglesia no pasa nada nuevo bajo el sol. Ni en Austria, ni en Irlanda, ni en ninguna parte pasa nada. Es algo que siempre ha ocurrido: los falsos pastores vestidos con piel de oveja, un viejo oficio que ha llevado a muchos a salir de los muros acogedores de la Iglesia fundada por el Señor Jesús Resucitado.

Tomás de la Torre Lendínez

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