En la Iglesia no ocurre nada nuevo. Es la misma de siempre. Únicamente ha llegado la hora de poner los puntos sobre determinadas íes, que durante largos años han acampado a sus anchas por el territorio eclesial.
Durante los nostálgicos años posteriores al Concilio, la Iglesia fue excesivamente condescendiente con trompetazos y salidas de tono dentro de la voz coral que nos dejó Jesús: Un solo Señor, un solo bautismo, una sola fe, un solo Padre de todos que lo llena todo y lo inunda todo.
