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Niños músicos

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 29 Cuando escuché, un año más, el concierto de Año Nuevo, celebrado en Viena y emitido a todo el mundo mediante la radio y la televisión, sentí como la música clásica tiene un don especial para elevar el espíritu, serenar las almas y apaciguar todos los sentimientos existentes en el interior de las personas de buena voluntad. En el hondón del seno materno, donde está el feto unido a su madre mediante el cordón umbilical, han descubierto cómo la introducción de un aparatillo por la vagina emitiendo música suave y melódica el niño siente, baila y acompaña la obra humana con su alma abierta a todas las bellezas creadas por el hombre como es la música. Es el mismo hombre que legisla sobre la muerte del feto, considerándolo como un derecho a decidir de la mujer de los tiempos actuales, despenalizando la muerte de un ser humano vivo, que siente y percibe la obra musical como si estuviera en los brazos maternos. En los propios brazos maternos tuvo la Virgen María a su hijo Jesús, a quien fueron a visitar los pastores, los aldeanos y los Reyes Magos sabiendo que era un Niño esperado durante siglos, el Mesías, el Señor, el Salvador del mundo. Porque para esto vino al mundo todo un Hijo de Dios para hacer a los hombres hijos de Dios mediante el sacramento del Bautismo, y miembros de la Santa Madre Iglesia Católica, quien ha mantenido siempre como un asesinato de inocentes vidas, a imitación de los Santos Inocentes, todos los atrabiliarios manejos legales y clínicos que viven de matar a seres puros y limpios, cuyo decisión de morir la ha tomado una mujer, porque se considera con ese derecho a hacerlo. Nunca matar a un ser humano creciente y gestante en el seno materno, es signo de progresía y modernismo. Al contrario, las madres que se han sometido al experimento de notar, vivir y llorar ante cómo su hijo baila, balancea y medita la música clásica introducida en el sacro lugar donde crece una vida como fruto del amor de un hombre y una mujer, esas mujeres son responsables de cómo pueden traer al mundo a un hijo que ocupe el lugar correspondiente en la historia de la música clásica o moderna. Lo mismo da. El estudio de esos vientres llenos de vida ha demostrado que los bebés nacidos de modo natural serán poseedores de unos sanísimos oídos aptos para deleitarse con la música, e incluso para ser compositores de fama o directores de orquestas. Nada menos. Los que, por desgracia, nos gusta la música, pero no sabemos cantar, por disponer de un oído frente al otro, desentonando y produciendo risa en los escuchantes, como es el caso de quien suscribe este campanario semanal, tenemos sana envidia de esos niños que han entrado en el estudio que estamos mencionando. Es posible que nuestra incapacidad musical hubiera sido solucionada antes de aparecer por la escena de este mundo. En el inicio del nuevo año deseo a todos los amigos lectores toda clase de venturas personales y familiares, de modo especial deseamos felicitar a las nuevas pocas madres y padres que durante el año pasado han traído un hijo al mundo dada la carencia de nuevas vidas que tiene la presente sociedad. Y a quienes estén buscando un hijo dentro de la vida matrimonial que Dios les bendiga para que puedan alumbrar a lo largo del año naciente a esos niños deseados, fruto de su amor mutuo, bendecido seguramente por la gracia del sacramento del matrimonio. Tomás de la Torre Lendínez

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