Ni Recaredo, ni laicismo, vale la coherencia católica

Ni Recaredo, ni laicismo, vale la coherencia católica

Ni como en los tiempos de Recaredo, ni como en los tiempos de la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado, la monarquía siempre debe buscar su equilibrio en el momento de la historia en la que está anclada. Ya conocemos que no se celebrará Misa en la fecha de la subida al trono del nuevo Rey. El portavoz de la Conferencia Episcopal Española trata de justificar esta ausencia. En declaraciones al Canal 24 horas de TVE, el portavoz de la Conferencia Episcopal se ha mostrado convencido de que Felipe continuará la tradición católica de la Familia Real, aunque «no necesariamente ese día», ha apostillado sobre la ceremonia de proclamación. En este sentido, ha augurado que el Vaticano será uno de los primeros destinos del ya Felipe VI. Gente del pueblo llano, algunos artículistas, un puñado de opinadores, no ven excesivamente bien esta decisión al considerar que es una cesión al laicismo agobiante y atosigante sobre la sociedad española de los últimos decenios. Uno de los preceptos del laicismo es que la religión es una opción personal y que los católicos acudimos a los actos de culto, a título anónimo, siempre celebrados en el interior de los templos. La decisión es obedecer al laicismo puro y duro. Suprimir la Misa es un error, aunque sea políticamente correcta la iniciativa tomada. El amigo y maestro Juan Manuel de Prada, en diario Abc, de hoy, ha publicado un artículo titulado Sostiene Pemán, donde rememora un artículo del séneca televisivo gaditano, monárquico hasta las cachas, sacado en el mismo diario el día 5 de abril de 1972. Copio a Juan Manuel de Prada: «Pemán alerta de los peligros de una monarquía que trate de halagar a los republicanos emboscados que «critican su cinemascope, su protocolo, su vistosidad», con el propósito de obligarla a «modernizaciones» que la desnaturalizan; y compara tales peligros con el «huracán criticista desencadenado tras el Concilio Ecuménico», saldado con «crisis de órdenes religiosas, caída vertical de vocaciones, monjas con pantalones y sacerdotes con expedientes de secularización». Para Pemán, una Monarquía «con replanteos dinásticos, forzamientos dialécticos y toisones que sí que no, como la Parrala» es igual de lastimosa que una Iglesia «con dubitaciones y perplejidades sobre sí misma, interpretaciones sexuales de la pureza o el celibato y charlas de sacristía volterianas». Y concluye: «Toda institución con siglos de ejercicio ensucia la ropa. Pero lo grave es que las dos Instituciones máximas se han puesto a lavar esa ropa sucia de cara al público. (…) Habrá que derrochar fortaleza para atravesar sin decepciones el lavadero».» Ni una Iglesia Católica descafeínada y descolorida, ni una monarquía católica, sin liturgia católica. Recomendación Lean amigos, la historia del Blog El Olivo con documentos inéditos. Se trata de “Crónica del Blog El Elivo” Se encuentra aquí mismo. http://marianojv.esy.es//novela.html Tomás de la Torre Lendínez

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