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Música sagrada

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 31 Durante todos los días pasados ha tenido lugar el Premio Jaén de Piano, que tiene una larga historia sobre sus espaldas y los dedos de los cientos de profesionales, a lo largo de su historia, que han llegado a nuestra ciudad buscando el prestigio, la gloria y los premios otorgados. Es una de las citas para estar orgulloso de vivir en esta provincia, donde los afanes culturales suelen ser flor de un día o de unos pocos años. En todas las etapas del certamen de piano la organización ha ido mejorando, sin embargo, la Iglesia Católica ha ido decayendo en el uso del piano, del órgano, o del chirriante armónium, en su liturgia, para colocar a la guitarra en el centro de la música en la Eucaristía, sacramento central de la vida cristiana para los católicos que dominicalmente acuden a los templos. Hemos perdido la severidad musical del órgano de la liturgia milenaria de la Iglesia, a favor de una guitarra muy española y andaluza, eso sí, pero en templos renacentistas, barrocos, neoclásicos, encontrarse un corillo dominical con guitarra es como poner a una imagen una pistola en cada mano. En iglesias modernistas con techos bajos, más propias de parecer garajes, pasen la guitarra, la bandurria, el tambor y hasta las castañuelas, pero el continente le es más propicio, pero en un templo de sillares y bóvedas elevadas aquel ruido más propio de ferias sureñas es algo que nunca me ha gustado, aunque lo he soportado y hasta animado en mi biografía pastoral. En el otoño del año 1991, en el interior de la catedral de Pisa, participé en una concelebración eucarística. El coro pertenecía a una cofradía rociera de pleno derecho. En aquella Misa lloré, pensando que la torre inclinada que estaba en mis espaldas se caería encima del bello templo para callar aquellos ruidos, muy andaluces sí, pero lejanos de aquel marco insuperable. ¿Es posible que alumnos del Conservatorio de Música, o participantes en el certamen de piano fueran capaces de recrear la liturgia eclesial con una música apta al templo concreto?. Solamente habría, en mi opinión, que hacer dos cosas: la primera, cada comunidad parroquial debería invertir en algún de los muchos órganos electrónicos que están en el mercado. La segunda, evangelizar en el interior del Conservatorio, en los institutos, en los grupos parroquiales, para levantar vocaciones musicales donde unas manos jóvenes recuperen la música clásica de la Iglesia para hermosear la liturgia secular y elevar las almas hasta la hondura de la presencia de Dios en la Eucaristía y en el Reino de los Cielos. ¿Los coros con guitarras les damos el paso a la jubilación forzosa?. Ni mucho menos. Entre ellos mismos puede existir el valiente que, aunque sea de oído, pueda poner sus dedos sobre las teclas blancas y negras de algún organillo de los que extraer melodiosas composiciones de la dos veces milenaria Iglesia Católica. Lo que no debe ser es que Jaén tenga un prestigioso premio de piano internacional, y si alguno de los participantes es católico y entra en un templo se encuentre el pachangueo de una o dos guitarras aporreadas con más voluntad que acierto y conocimiento. Seguramente, si es natural de un país de Europa central, saldrá corriendo a su tierra buscando una comunidad que cante conjuntando las voces y con el acompañamiento de un órgano o un armónium, que lo mismo da que da lo mismo. El caso es que las Misas no sean secas como cañas indias al sol. Tomás de la Torre Lendínez —————————- Invito a leer mi última novela: Título: El cura que colgó los hábitos. Lectura gratis. Enlace: http://marianojv.esy.es//novela.html

Comentarios
0 comentarios en “Música sagrada
  1. En la concatedral de Caceres, durante la cuaresma, domingo si y domingo no, misa en gregoriano (y no es raro que fuera de ese tiempo, a lo largo del año, tambien se cante asi). Y siempre con organo, sea cual sea la epoca del año. Es frecuente oir comentarios muy positivos de los que acuden a misa en este sentido.

  2. Desde el nefastísimo por tantos motivos Concilio Vaticano II todo lo que huela a arte en la Iglesiaha ido a peor y la música no iba a ser menos. La última vez que oí música religiosa digna de tal nombre fue este otoño en la catedral de Sigüenza, En mi parroquia (estupenda en todas las demás cosas) Santa Benedicta de la Cruz, Madrid capital, guitarreo que distrae, sobre todo a la hora de ir a comulgar, cuando no logro concentrarme ni a la de tres.

  3. Me ha parecido un artículo muy interesante y muy valiente. A estas alturas parece que está claro que la solución para que los jóvenes vuelvan a misa no pasa porque un grupo de sexagenarios toquen unas adaptaciones de unas canciones que fueron muy oídas en radios y en espectáculos hace más de 50 años, y que ahora solo algunos fans de la música folk y otros pocos nostálgicos gustan de rememorar.

    No es una solución que se pueda improvisar ni que se pueda implantar de hoy para mañana. Pero algo habrá que hacer.

    Tal vez haya que empezar por aquellos templos que conserven arrinconados sus armonios, con aquellos que por auténtico milagro conserven sus órganos de tubos, e intentar encontrar gente que sea capaz de volver a cantar Canto Gregoriano, Polifonía al Modo de Palestrina, y sea capaz de tocar el órgano.

    No me gusta mucho la idea del órgano electrónico, pero en muchos sitios puede ser una solución aceptable. Incluso puede que sea la única solución, pues en no pocas ocasiones, el armonio no podía llenar las naves del templo.

    Una primera acción para solucionar un problema consiste en reconocer su existencia. Igual las soluciones ya están presentes en muchos documentos que fueron aprobados por papas en el Siglo XX y en el XXI.

    Y en poder encontrar a las personas que puedan llevarlas a cabo, que en algunos sitios serán profesores de órgano, y en otros, tal y como puede suceder en algunos pueblos de Mallorca y Palencia, personas que han recibido al menos una formación mínima. También habría que pensar en una mínima remuneración para el organista o maestro de capilla, o una remuneración no tan mínima si sus conocimientos o dedicación lo hacen merecedor de ella.

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