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Monseñor Ambrosio Echebarría es sepultado hoy en la Catedral de Barbastro

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“En la madrugada del 6 de diciembre ha fallecido Mons. Ambrosio Echebarría Arroita, obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón desde 1974 y hasta 1999, fue el artífice de la creación de la diócesis de Barbastro-Monzón con la adecuación de los límites eclesiásticos con los políticos, inició las gestiones para la devolución de las 112 piezas de arte y finalizó los procesos de beatificación de los Mártires Claretianos, “El Pelé”, Josémaría Escrivá y el obispo Florentino Asensio. La Dirección General de Instituciones Penitenciarias le concedió la medalla de plata por la labor que realizó en el ámbito penitenciario.” (Tomado de Ecclesia Digital)

Hoy, Fiesta de la Inmaculada Concepción, recibirá cristiana sepultura, por la tarde, en la Catedral de Barbastro-Monzón, en la capilla de San Pedro. Conocí a don Ambrosio en Granada. Andaba yo en la Facultad de Teología de Cartuja de los padres jesuitas.

Él estaba actualizando sus estudios teológicos, lo mismo que otros sacerdotes, ordenados años antes del Concilio Vaticano II. Tenía el destino, como capellán castrense, en un cuartel de la entonces Capitanía de la antigua Región Militar granadina.

Nos sentamos juntos en clases impartidas por los maestros de entonces en aquella Facultad. Compartimos diálogo entre clase y clase. Estuvimos buscando fuentes escritas en la rica biblioteca del centro teológico. Más de una vez estuve en su residencia, ubicada en la Casa Sacerdotal Pío XII, situada en el Camino de Ronda, tenía una ventana que daba al río Genil pequeño, juguetón y sucio que producía fuertes olores desesperantes en los calores andaluces.

Un día me dijo que se marchaba a Galicia. Allí recibió su nombramiento como obispo de Barbastro-Monzón. Después estuve en su ordenación episcopal y más de una vez nos vimos en reuniones madrileñas. Por Navidad nunca me faltaba su felicitación que era correspondida convenientemente.

Quien desee conocer toda su biografía puede pulsar aquí.

Hoy, recuerdo sus conversaciones, su afán por ponerse al día en el campo teológico, su sentido de la Iglesia siempre en comunión con el Papa, y su amor pastoral al mundo castrense donde tenía colocado su corazón.

Descanse en paz un amigo, buen sacerdote, excelente obispo, que seguramente estará en un lugar junto al Señor porque siempre fue un servidor prudente y fiel de la Iglesia.

Tomás de la Torre Lendínez

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