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El mono de Kenia

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Artículo publicado ayer en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 31

Nuestro diario trae una noticia imposible de concebir en la cabeza del mejor guion de una película taquillera: “Un mono causó ayer un apagón masivo en toda Kenia tras caer sobre un transformador clave en la central hidroeléctrica más importante del país, informó hoy la compañía eléctrica KenGen. El animal salvaje, muy común en el país africano, se subió al techo de la planta de Gitaru, situada sobre el río Tana a unos 160 kilómetros al norte de Nairobi, y cayó sobre un transformador haciendo que se activara.”

Parece de risa, al principio, pero se mete uno en la piel de los habitantes de Kenia, donde vive un amigo personal, nacido en nuestro Jaén, y me imagino cómo estaría cuando perdió la luz eléctrica en la emisora de radio que allí dirige y que le dejó sin emisión. A lo mejor dispone de algún generador mantenido por gasoil y pudo restablecer la emisora. No lo sé.

Lo que sí conozco muy bien, son los diversos monos que se están cayendo sobre las instituciones públicas de la sociedad española camino de la fecha electoral del último domingo de mes. Son unos primates que están dejando sin luz a varios municipios importantes españoles donde el paro aumenta, las inversiones se pierden, los proyectos duermen en los cajones burocráticos, aunque no se detiene la rueda de colocar a familiares y amiguetes a dedo sacándolos de la penumbra de la incompetencia para el cargo digital.

La Iglesia Católica en España, hasta hace un par de años, emitía una nota orientativa sobre los criterios a tener en cuenta antes de emitir nuestro voto en las urnas. Nos recodaba que debemos votar a grupos que respetaran la vida desde el seno materno hasta la muerte natural; así como que no discrimen a nadie por razón de religión, sexo, cultura, color de piel o lengua; así como que respeten la Constitución de 1978, que nos dimos democráticamente todos los españoles, superando el infantilismo de tener que votar una nueva ley de leyes cada generación, que según Ortega y Gasset, se cumple cada quince años.

Los obispos españoles, ahora, han optado por el silencio pastoral, dejando que los católicos votemos, en conciencia y libertad, a la agrupación electoral que nos parezca mejor, aunque suponga tener que contar con la invasión de unos simios sobre los tejados de las instituciones democráticas con las consecuencias que su ideología o impericia nos puedan llevar a todos los ciudadanos a imitar otros pueblos que yacen en las tinieblas de la incultura, la carencia de alimentos, o la ausencia de energía eléctrica tan necesaria para vivir en la sociedad actual. Sea lo que sea que salga de las urnas se impone la cultura del diálogo, buscando sumar, nunca restar, y menos dividir, pactando la existencia de un gobierno estable que labore por la sociedad justa, moral y democrática, según nos dice la Doctrina Social de la Iglesia, buscando siempre el bien común con la ayuda del sentido común de la responsabilidad de todos, nunca con la imposición de una ideología obsoleta productora de hambre, esclavitud y miseria allá donde la han padecido, o la están soportando sin poderla mover ni con agua caliente. Invito durante estos días a rezar al Señor para que sepamos elegir a los inmediatos representantes parlamentarios, sin dejarnos llevar por el rencor, la venganza, el odio, o la intransigencia mental, porque nos jugamos todos los ciudadanos nuestra propia libertad personal y social, que es el mayor don celestial que nos entregó el Señor, según dice don Alonso Quijano, el más cuerdo español de todos los tiempos, aunque estuvo catalogado de loco dentro de la novela aunque al final recobró la cordura. Seamos cuerdos al emitir el voto.

Tomás de la Torre Lendínez

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