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Menos ateos y más contribuyentes a la Iglesia Católica

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Estamos en una sociedad lentamente menos religiosa que hace unos años, dicen los peritos del asunto. Los embates orquestados durante siete y pico años desde la orilla zapaterina han horadado las piedras y las arenas de las playas creando un revoltijo difícil de cuantificar.

La única forma de acercarse a la realidad numérica de este asunto es recibir los resultados de las confesiones ante el papel de la declaración del impuesto sobre la renta de las personas físicas, que canaliza Hacienda y luego sirve en platos varios el Centro de Investigaciones Sociológicas. Los datos salieron ayer.

Este año destacan dos menús interesantes: en uno, el 2% disminuye el número de españoles que se declaran ateos y no creyentes. Y en otro, suben el número de contribuyentes españoles que han marcado este año las casillas de la Iglesia Católica y de Fines Sociales en la Declaración de la Renta.

En el primer condimento no me salen las cuentas sin la ayuda de la calculadora mental. Ha disminuido un dos por ciento el número de vecinos españoles que se declaran ateos y no creyentes. ¿Cómo se casa este dato con las procesiones blasfemas y ateas de la pasada primavera y el verano cuando el Papa pisaba tierra española?.

Según sus organizadores era una mayoría aplastante de gente atea y no creyente la acompañante en todos aquellos aquelarres. ¿Será que la presencia de Benedicto XVI en la JMJ ha producido el “milagro” de frenar la cifra de gente que se declara atea y no practicante?.

En la segunda receta culinaria han subido el número de contribuyentes que han marcado las casillas de la Iglesia Católica y de Fines Sociales. Como concuerda esto con la afirmación generalizada siguiente: La Iglesia Católica ha perdido por completo su estimación dentro de la sociedad española.

¿Será posible que la gente se ha dado cuenta que solamente la Iglesia en España, con Cáritas en sus manos, es la única institución que da de comer y vestir a todos los marcados por la tragedia y el drama de la crisis económica y social, sin pedir ni dinero ni nada a cambio?

Por lo tanto, extraigo una conclusión en bárbara, como decía la Lógica escolástica: los contribuyentes españoles somos conscientes que si la Iglesia Católica cerrara sus puertas a todos los necesitados que acuden a ella para las necesidades humanas más elementales, las colas de ciudadanos famélicos hambrientos por las calles de España serían para salir en los telediarios que dieran la vuelta al mundo.

Cáritas nunca cerrará, porque el amor a los hermanos no se terminará para dar y repartir con los que menos tienen. Esto supone que la Iglesia Católica es mirada por los contribuyentes como una sabia administradora de los bienes que recibe desde Hacienda.

Todo es para dar gracias a infinitas, y rogar que confíen en la Iglesia Católica.

Para saber más haga clic aquí.

Tomás de la Torre Lendínez

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