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Madre Angélica, la última de las comunicadoras de toda una generación

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Ha muerto una heroína de la vida religiosa contemplativa y del mundo de la televisión católica. Está a la altura del padre Peyton con su campaña del rezo del Rosario en familia. Convive con Fulton John Sheen en el manejo pastoral de la televisión. Está en la nómina de los grandes pastores de los medios de comunicación social: el padre Venancio Marcos en la radio; el padre Jorge Loring en la literatura religiosa y la investigación; el padre Sobrino en la propia televisión pública; el buen comunicador televisivo don Jesús Urteaga; el singular José María Javierre en la prensa y en la televisión. Ha constituido una generación de personas valientes, honestas, conocedores del altísimo valor pastoral de los medios informativos. Son personas del siglo XX, el tiempo en que si los políticos hacían mal uso de los medios de comunicación: en el marxismo, en el nazismo, en el fascismo. Ellos optaron por entregar sus vidas a evangelizar desde y por medio de los medios de difusión de masas. La madre Angélica fue de esas mujeres en la Iglesia, como Santa Catalina de Siena, quien era la mujer elegida por Dios para estar en el sitio determinado y en el tiempo concreto, como fue el Cisma de Occidente. Gracias a la madre Angélica ha dejado una televisión que los católicos ven con gusto, porque está realizada con ese carisma tan especial de su fundadora: la sencillez comunicativa. Sin alardes, sin voceríos, sin esclavitudes a ideologías humanas caducas. Solamente ha sido una comunicadora convencida del mensaje redentor de Cristo, quien la ha llamado a su lado en plena Pascua de Resurrección. La madre Angélica se ha ido, pero queda su obra, a la que ninguna televisión de las llamadas católicas le llega ni le llegará nunca ni a la punta de las sandalias con las que ha caminado por esta tierra. Descanse en paz esta hermana nuestra. Tomás de la Torre Lendínez

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