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Los perejiles

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 31

Los avances de la tecnología informática han traído a la primera fila de la escena a una serie de personajes que siempre están en el momento más oportuno en el sitio singular para ser mirados como el perejil de todas las salsas. En el campo político esta situación se da durante largos años, mientras el miembro de partido aupado por sus palmeros y enchufados corrientes, aparecen en fotos, vídeos y demás modos de estar como el perejil en todos los platos. La rapidez de la informática supone que el señalado aparezca antes que llegue hasta su casa a la hora de comer.

Dentro de la Iglesia Católica sucede, en los tiempos actuales, exactamente lo mismo. Cuando el Maestro Jesús siempre nos dijo que nunca nos colocáramos los primeros sitios en los banquetes, ni que dejáramos que nadie nos llamara “maestros”, cuando el único Maestro es el Mesías, quien hablando de humilde tomó a un niño afirmando que quien no se haga como un niño no entrará en el Reino de los Cielos.

Es interesante observar cómo dentro de la Iglesia han existido hombres, que estando en los mismos o cargos similares, pudiendo ser un perejil, sin embargo, han huido de los fogonazos de magnesio para no pasar a la posteridad luciendo su careto, sino que sus obras escondidas fueran las que permanecieran para mayor gloria de su paso por ahí, y como pruebas ante el final juicio de Dios a todos los hijos que iremos ante su segunda venida a juzgar a vivos y muertos.

Los perejiles de hoy son tipos adaptados como los guantes a todas las manos, a los varios colores, y a los diversos momentos de la historia, apareciendo siempre satisfechos de haber comido usando su propio perejil en el plato que más les deleite el paladar de su yo aparecido hasta en los lugares más inverosímiles.

Los perejiles de la política, de la milicia, de la industria, del comercio, de la banca, tienen su fecha de caducidad colocada en la espalda, bien por ser elegidos mediante las urnas, para un tiempo y un espacio, bien porque los intereses humanos le siegan la hierba debajo de los pies, y antes o después la desaparición de la escena es previsible a cualquier buen conocedor de esos cargos.

Por el contrario, los perejiles insertos en la hilera de platos eclesiales solamente los jubila el Señor cuando los llama a su seno; a no ser que caiga en desgracia por una grave metedura de pata de su sabor perejilesco y ponga a alguien al borde de un ingreso hospitalario o de una muerte a plazo fijo, algo que lo que nadie está exento en estas fechas de mucha velocidad.

Aquellos personajes perejiles con caretos eclesiales piensan que el pueblo llano y sencillo no capta sus gestos, sus mohines, y maneras de expresarse en una actividad pública y notoria. Los miembros del Pueblo de Dios de nuestros días tienen un sexto sentido para detectar a los personajes que no pierden ocasión de afirmar y demostrar su papel de gallitos de un corral donde se lleva más ser cola de ratón que cabeza de león.

Los viejos cronistas de la sociedad jaenera de los tiempos de la Restauración, como don Alfredo Cazabán, delineaban a estos perejiles, como petimetres, metomentodo, pelotilleros, chivatos, mandilones serviles… Estos retratos están en aquella sección de la revista Don Lope de Sosa, conocida como “En Jaén, donde resido..”. Han pasado más de cien años y el espécimen de los perejiles continúa en versión corregida y aumentada. Y así hasta que los genes dejen de fabricarlos algo que no me creo, porque el perejil es muy jaenero.

Tomás de la Torre Lendínez

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Comentarios
1 comentarios en “Los perejiles
  1. Hablando de perejiles, don Tomás, gran elogio el que hace Baltasar del alcázar a la buena mes en «La Cena Jocosa».

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