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Los de Aralar van contra los nuevos obispos vascos

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En España estamos acostumbrados a los cantonalismos, desde los tiempos de la funesta I República. Era cuando el cantón de Jumilla declaraba la guerra al de Cartagena, por ejemplo. En los 17 “estaditos” de hoy existe un parlamento que cuesta un ojo de la cara mantenerlo. Como no salen en los medios informativos y se acercan las elecciones municipales, es cuestión de meter ruido como sea.

Ahora, son los cachorros vascos de Aralar con cuatro escaños en su parlamentito regional, quienes salen por los cerros de Úbeda, exigiendo la derogación de los Acuerdos entre España y la Santa Sede. Esto lo han pedido desde los inicios de la Transición una larga lista de partiditos como éste, que han desaparecido o se han tragado sus propias proposiciones de leyes.

Estos políticos son unos ignorantes de tomo y lomo. Por pedir que no quede. No saben nada de derecho internacional, donde queda claro que “pacta sunt servanda”. Cuando dos estados soberanos: España y la Santa Sede firmaron aquellos Acuerdos son para cumplirlos tal y como está haciéndose durante los gobiernos que han estado en Madrid desde 1979. Y han pasado partidos fenecidos y los actuales socialistas o populares.

Apuntan sus dedos acusadores contra las clases de Religión y Moral Católica en los centros públicos, porque en el País Vasco es tan bajo el índice de petición de los alumnos de recibir tales clases, que desaparecerán por la propia marcha del tiempo.

Esto se puede comprobar en las estadísticas que obran en la Comisión Episcopal de Enseñanza, procedentes de todas las diócesis españolas.

Esta baja de alumnos en clases de Religión, voluntarias y libres, tiene varias explicaciones. En el País Vasco tiene una esencial: Durante los episcopados de ciertos pastores se han tomado las clases de Religión como plataforma de lo que no deben ser nunca: crear la idea de una “religión nacionalista”.

Ahora, han llegado a aquellas diócesis, obispos pastores llenos de interés evangélico por conseguir ganar el tiempo perdido y “derogar” lentamente esa “religión vasca”. Ahora es el momento de meterse contra la misión pastoral de estos obispos. Y como los vascos hacen las cosas a lo grande, un partidito, cuyos miembros recibieron aquella religión que los hizo nacionalistas vascos con el R H correspondiente, resulta que piden la derogación de los Acuerdos entre España y la Santa Sede. Nada menos.

No hemos avanzado nada en esta vieja España. El cantonalismo romántico republicano sigue en la sangre de este pueblo. No aprendemos de la historia.

Tomás de la Torre Lendínez

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