El señor de la foto se llama Coque Malla. Es cantante. Ha concedido una entrevista al Diario El Mundo. Le hacen varias preguntas. Una de ellas es la siguiente: Señor ‘Santo, santo’, ¿a quién reza un ateo como usted?− Responde: R «A algo intangible que los ateos sufrimos. A veces tenemos ganas de rezar y no tenemos a nadie porque no creemos. Es una putada. Hay veces que tienes tantas ganas de rezar y pedir algo poderoso que cambie las cosas…Yo siempre había sido un ateo convencido, pero llega un momento en que no creer en nada es una putada. Y me inventé esta canción. Dios no voy a decir, Alá tampoco… Así que Santo, santo.−» La soledad del ateo es proverbial. La frustración del ateo es una sombra que le persigue sin poderla borrar de su presencia. La imaginación del ateo es de vuelo gallináceo en un corral construido por una mente vacía. Rezar por la conversión de los ateos es un acto cuaresmal y una acción caritativa. Tomás de la Torre Lendínez
La soledad del ateo

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