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La “restauradora” de Borja y el “sprayitero” de Aspe

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Cada día es más cierto una realidad palpable: los medios de comunicación queman y mandan a la cama a mucha gente y dejan ir por libre a otros que los ignoran.

A esta batalla contribuyen, sin duda, las redes sociales, que elevan a las más altas cumbres, o relegan a las más oscuras mazmorras.

Estos días, en la España profunda, dos ancianos están de actualidad: Cecilia ha ganado la batalla a José. Los focos han sido colocados sobre la “restauración” artística de la primera, y han ignorado el pastiche del segundo.

La Iglesia está en la mitad de las dos noticias.

Todos conocemos la obra de “restauración” del Ecce Homo de la iglesia de Borja, llevada a cabo por Cecilia, a quien digitalmente han colgado desde el palo más alto de la nave cibernética por la que navegamos todos los usuarios de la Red, porque su arreglo ha sido nefasto.

La pobre ha ido de cabeza a la cama ante tanto foco, pregunta, risa y amenazas. Un ataque de ansiedad le ha llevado a la enfermedad. Es insufrible a su edad.

Los internautas han levantado una oleada de apoyo a su mala “restauración” para detener el inmenso maremoto que le habían echado encima por su mala mano restauradora.

Mientras, tras el silencio administrativo municipal, otro anciano de Aspe, llamado José, harto de exigir que el partido popular cumpliera con la ley de memoria histórica y anulara los símbolos del régimen anterior, y hasta las orejas de indicarlo, ahora, a los actuales rectores municipales, socialistas y comunistas, quienes tampoco les han hecho caso, el hombre se ha tomado la justicia por su mano.

Ha comprado spray y ha borrado los signos del franquismo existentes en la iglesia del pueblo de Aspe. Se ha quedado sin ir a la cama, porque los medios de comunicación no han colocado los focos sobre él y las redes sociales no han tomado parte en el asunto.

Esta es la paradoja de la España agosteña que suda la gota gorda. Esta es la realidad de una España que camina como pollo sin cabeza. Aquí se asaltan comercios para robar comida para los pobres, se toman posesión de bancos, se allanan las moradas privadas como la finca de Moratalla, se blindan los pueblos cuando pasan unos bandoleros, y los medios de comunicación mandan a la cama a una anciana y dejan escapar a un jubilado.

Para saber más hagan clic aquí.

Y, también, aquí.

Tomás de la Torre Lendínez

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