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La inversión no es pecado

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 29 Ya se puede respirar hondo y sonreír al futuro, ya tenemos el esqueleto en forma de mapa de la vida futura del municipio de Jaén, siempre pobre como una rata y ambicioso como una capital de provincia abandonada por los viejos caciques del trazado del ferrocarril en el siglo XIX; marginada por los señoritos que trazaron las líneas del AVE en el final del XX; y empobrecida por la crisis más larga de la economía y del comercio actuales. Ahora disponemos del nuevo plan general de ordenación urbana, publicado en las páginas oficiales junteras sevillanas. Viendo el plano se nota cómo se rompen los cinturones que ataban a la ciudad por el norte y el oeste, donde se atisban nuevos barrios y superficies comerciales que supongan que los vecinos no tengan que irse a Granada a comprar tales o cuales productos. Vamos camino de hacernos una capital provinciana con cierto aire de señorío para los tiempos modernos. ¿Estamos los católicos colaborando con esa mayoría de edad urbana demostrando que no estamos incapacitados para plantar cara a la futura esperanza de esta ciudad en el plano laboral, comercial, turístico y ecológico?. ¿Somos valientes los hijos de esta tierra para invertir en ella nuestros caudales buscando la legítima y necesaria creación de puestos de trabajo, que anhelan la Doctrina Social y Moral de la Iglesia, la justa distribución de la riqueza y el equilibrado bien común de todos los residentes en esta ciudad?. Tradicionalmente, los capitales de los jaeneros tomaron caminos madrileños, sevillanos o costeros andaluces. Cuando se obtenían ganancias volvían a comprar grandes olivares, el rico monocultivo de esta tierra, que con la actual política agraria comunitaria europea produce cierto bienestar y estabilidad económica en los dueños. Otros dignos vecinos nacidos en estas tierras se fueron buscando un puesto de trabajo insertados en la emigración de la segunda mitad del siglo pasado, tanto a tierras catalanas como extranjeras. Muchos asentaron sus raíces por ahí, otros enviaron sus divisas para conseguir comprarse la casa familiar y volver, más tarde, a dorar al sol de los membrillos su merecida jubilación. El jaenero medio siempre ha sido un ahorrador nato, nunca un tiburón de las finanzas con inversiones valientes en industrias y comercios. Ahora con el nuevo plan de ordenación urbana es la hora de cambiar el destino del vil metal, porque no es justo tenerlo bajo el colchón, ni en las blindadas cajas de seguridad bancaria. La citada Doctrina Social de la Iglesia pide e invita a la inversión monetaria, siguiendo el mandato de Jesús, en su conocida parábola de los talentos, donde regañó a aquel mequetrefe asustadizo que el talento recibido lo escondió, y cuando el amo volvió a exigir cuentas le devolvió lo mismo que lo tomó de la mano de su señor. Es mejor sembrar para recoger, que sentarse a la bartola y vivir de las subvenciones oficiales, creyendo cierta aquella afirmación apócrifa que el dinero público no es de nadie. Un buen ejercicio cuaresmal es abandonar la avaricia y crear puestos de trabajo, porque cuando el propietario se muere, con el alto porcentaje del impuesto de transmisiones existente por estas tierras, se lo come todo el ente administrativo hacendístico. La Cuaresma es solidaridad. Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios
0 comentarios en “La inversión no es pecado
  1. Magnífico artículo, mosén Tomás.
    El dinero debajo del colchón es como la luz debajo del celemín del Evangelio (Mt. 5:14-15)
    Enhorabuena.

  2. Para los que no somos andaluces (que muchos hay), nos resultan divertidas esas puyas entre Jaén y Sevilla. Si el Boletín de la Junta es algo sevillano, ¿debemos considerad el BOE una publicación madrileña?

    También sorprende que el autor considere que por tener un plan de ordenación urbana (que, para quien no lo sepa no dice más que: allí va un parque, en aquella zona se pueden construir viviendas, por aquí ira una avenida, esa manzana será para un colegio) haya que cambiar el destino del ‘vil metal’. Salvo que se piense en invertirlo en especular a ver cuándo y cuánto se revaloriza la parcela en la que ahora se deja construir

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