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La disolución de Canal plus

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El reportaje lo presenta el diario El Mundo. Es interesante la historia, amigos. «Sonaban los 40 Principales en la carta de ajuste. Era el 8 de junio de 1990. La locutora anuncia la llegada del (casi) primer canal de televisión de pago de España. Sobre el negro se rasgan los trazados de un Canal + que no difiere en nada del gemelo francés nacido cuatro años antes. Gira el disco multicolor al compás de los acordes new-age de Philippe Eidel; pero pronto ese Plus galo se torna patrio bajo las cuatro notas más emblemáticas de entre los indicativos de televisión. Salidas de la guitarra de Manolo Sanlúcar, para una generación ese es el sonido de Canal+, junto con el chillido amorfo de la señal codificada. Pronto, éstos fueron sus iconos, junto con la llave que permitía desbloquear el decodificador; eso y una medida estética minimalista en negro, a veces pop. La Torre Picasso era sede y símbolo. Toda una declaración de intenciones con la que mirar desde lo más alto a los incipientes rivales: el tuttifrutti berlusconiano de Telecinco y la aventura radiofónico-televisiva de Antena 3. Se trataba del primer canal de pago al que se enfrentaba España (salvando la efímera experiencia de Canal 10), al menos con todas las de la Ley. Sogecable se hacía con una de las licencias de televisión privada. En su pliego de condiciones, estaba obligada a emitir en abierto 6 horas al día. En ese hueco gratuito alcanzaron la gloria nombres como los de Los Guiñoles (réplica del canal matriz) o Máximo Pradera, Fernando Schwartz y Ana García Siñeriz, al frente del veterano Lo más Plus. De la parte radiofónica del grupo, se llevaron programas como El gran musical (de Joaquín Luqui) o Del 40 al 1 donde se popularizó el rostro de Fernandisco, o el informativo Redacción, germen de CNN+, con nombres como Carles Francino, Marta Reyero o el hiper caricaturizado Hilario Pino. Al otro lado de la señal codificada, hubo quien se hizo experto en forzar la curvatura del ojo para adivinar goles, toros, anatomías eróticas o animales. En sus inicios, por 3.000 pesetas al mes (18 euros de 2002), se podía acceder al catálogo de cine y, sobre todo, fútbol con acento inglés. Canal+ cambió la manera de ver y analizar los partidos. También llenó bares y sofás de amigos inesperados, convocados en torno a la lumbre del decodificador. Y fue, sin quererlo, protagonista de la posterior guerra del fútbol. A su calor nacieron términos como «partido en abierto» o «el interés general». También inoculó el gusto por el baloncesto. Desde 1995, Andrés Montes narró la NBA junto a Antoni Daimiel y Santiago Segurola. A finales de los noventa, Canal+ cambia (como en Francia) toda su imagen, se vuelve blanco y empieza a ramificarse. Se inicia la emisión por satélite y su transición, de cadena de TV a plataforma de contenidos. Ya no hay uno, sino muchos canales plus. Rivalizando con Vía Digital (Telefónica), España se llena de mini parabólicas. Si dura fue la guerra del fútbol, no menos lo fue la de las reuniones de vecinos polemizando sobre fachadas cuajadas de antenitas. La primera muerte de Canal+ se produjo en noviembre de 2005, cuando la señal analógica de la cadena se convierte en Cuatro, totalmente en abierto. El Plus se quedaba en la plataforma Digital +, fruto de la unión de las otrora rivales Canal Satélite y Vía Digital. Desde 2011, Canal + ha sobrevivido dentro de una plataforma homónima que ahora también se diluye bajo la marca de Movistar TV. Durante esta época, la emisora de Tres Cantos ha sido digno soporte de programas como Ilustres Ignorantes, Informe Robinson, Iñaki (Gabilondo), Cinexpress o Witness.»

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