PUBLICIDAD

La capilla-chiringuito en peligro de demolición

|

Un cura de la costa andaluza me envía un correo electrónico, donde me cuenta un problema pastoral que tiene en su pueblo costero y turistico de primera línea de categoría. La Demarcación de Costas ha enviado a los ayuntamientos una orden de derribar los chiringuitos playeros, donde se sirve el famoso espeto: varias sardinas pinchadas en una caña, asadas en una vieja barca de madera, con un negro carbón encendido, que produce un sabor oloroso que se reparte por las narices de los bañistas en las horas cumbres del aperitivo del mediodía acompañadas con un frio jarro de cerveza o tinto de verano.

El amigo sacerdote me informa que él tiene un chiringuito a pie de playa, que se lo van a derribar también, según la normativa. El no vende espetos ni nada parecido. El se lo encontró levantado hace diez años sirviendo de capilla de una colonia de apartamentos muy lejos de la iglesia parroquial. Hasta la fecha no ha tenido problemas con las autoridades municipales de playas.

Pero hace dos días lo llamó el alcalde y le presentó el papel donde aparece la orden de derribo de todos los chiringuitos, incluido el que sirve de capilla auxiliar para un montón de veraneantes que acuden a la Eucaristía que allí se celebra a la caída de la tarde de los domingos veraniegos.

En el parlamento español el grupo mayoritario de la oposición presentó una moción para que esa norma de derribo no se llevara a cabo, argumentando que se perdería una tradición culinaria de primera categoría, y se mandaría al paro a muchas familias que viven desde hace más de cincuenta años con este trabajo hostelero. La mayoría parlamentaria del gobierno y aliados tiraron el asunto al suelo.

El compañero sacerdote me dice textual: ‘Esta gente no tiene sentimientos hacia la infinidad de familias que comen de los chiringuios playeros. Yo pensaba que tenían más conciencia social. Y no es así. Además, el alcalde me ha dicho que él no va a tirar ningún chiringuito, pues tiene familia y amigos propietarios de varios de estos simples modos de ganarse la vida. Y no piensa cumplir la orden. Si el gobierno regional o central desea tirarlos que lo hagan ellos’.

La capilla chiringuito seguirá en pie por ahora. Pero con la ley en la mano está en la cola del posible derribo. Si esto se hiciera, algún que otro político local, regional o nacional se frotaría las manos, porque un lugar de culto católico ha pasado al desván de los desprósitos españoles de estos tiempos.

Y la economía local perderá dinero porque el turista local o foráneo acude a la playa andaluza buscando el mejor ‘pescaíto frito’ de un simple chiringuito, y ahora se irá a otro sitio. Y, además, estamos viviendo una crisis ecónomica que no tiene fin.

Aquí, existe alguien que está loco, pues que lo encierren en algún manicomio.

Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *