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Información de una ‘religión a la carta’

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Cuando alguien se equivoca en un asunto y sabe rectificar reconociendo su error, esa persona es madura, seria, responsable, sensata y comprometida con una forma de pensar libre, adulta y honrada.

Cuando una persona nunca reconoce un error, aunque sea un horror; cuando se empecina en su equivocada situación es digna de lástima, porque solamente el inteligente, no el pícaro, es el capaz de dar media vuelta y convertir su corazón de piedra en un corazón de carne.

En el mundo del periodismo he conocido a mucha gente que nunca se equivoca, es más que nunca tuerce su brazo, ni el ego de su personalidad, porque están embotados de sí mismos, de su soberbia y de su sabiondez. Y no son nadie.

Desde ayer, en un portal donde venden todas las baratijas de un mercadillo popular, no han entonado el mea culpa ni por una apuesta. Siguen erre que erre sin reconocer que nunca aciertan nada de lo que pronostican; siguen odiando a un cardenal hasta después de muerto; no saben escribir con profesionalidad ni honradez; son ciegos deseosos de ser guías de otros ciegos; proclaman vencedor moral a quien no ha llegado a la victoria; no asumen que uno de sus caballos apostados se ha salido de la pista y ha dado de bruces en el canal del agua; es un medio de comunicación que se titula sobre religión y más le valdría titularse sobre “una religión a la carta”.

Porque, aquí es donde tienen su punto flaco: son hijos del relativismo religioso, moral, intelectual, profesional y humano, que hoy circula como si fuera el coche de mejor cilindrada, y no son capaces de pasar de los 110 kilómetros impuestos en la red de autovías españolas con motivos inconsistentes.

Desean una Iglesia a la carta, a su capricho, a su modelo relativista. Quieren una jerarquía aguada, descafeinada, también, a la carta, que nunca hable más alto y que puedan molestarse los gobernantes del momento.

Desean lo imposible: hacer la cuadratura del círculo. Algo que nadie ha conseguido nunca en la historia.

Es bastante vital para los amantes de una religión a la carta que la jerarquía les sea dócil al poder constituido y hable solamente de asuntos livianos, samaritanos, dicen ellos, para no herir a nadie, para ser amigos de todos confundiéndose con el paisaje del pensamiento común.

La religión a la carta no aguanta el fuerte viento del Espíritu Santo, cuando sopla en la dirección de las decisiones de la sede de Pedro y sus sucesores, porque los castillos de naipes solamente son un juego de mesa de camilla con un brasero de picón.

Con todo, espero que algún día se caigan del caballo de su soberbia religión a la carta y vuelvan sobre sus pasos a la casa del Padre, quien les acogerá como en la parábola del evangelio del Señor.

Tomás de la Torre Lendínez

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Lean, por favor: Suerte, señor Cardenal

Blog del padre Tomás

http://hal2.blogcindario.com/2011/03/00030-suerte-senor-cardenal.html

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