Hostelería cultural

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Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 31

No siendo España el único pueblo latino en sentido estricto, es más Italia, los nativos españoles hemos desarrollado nuestra cultura en la calle, en la plaza pública, en el mercado, en los locales de ocio. Comunica nuestro periódico que en la península y las islas existe un bar por cada 175 habitantes. Dando un total de doscientas sesenta mil tabernas, bares, cafés, restaurantes y similares. Una industria en el sector de la hostelería que aglomera muchos puestos de trabajo.

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El tiempo fuerte de estos locales es el verano con las terrazas en plena calle, y los que no pueden prenden el aire acondicionado donde los clientes están frescos, aunque al salir a la calle reciban un abrazo del caliente asfalto pisado por las ruedas de los vehículos.

El consumo de bebidas con alcohol es una de las costumbres de la civilización mediterránea, que, nos llega a todos nosotros desde el antiguo pueblo de Israel, cuando el libro sagrado de la Biblia nos cuenta realidades vitales con el alcohol de Noé, David, Salomón y otros personajes de la historia de la salvación, cuyo centro es Jesús, el Mesías prometido por los profetas.

Durante la última Cena, el Señor tomó pan y lo entregó a sus apóstoles como su Cuerpo. Después tomó una copa llena de vino y la convirtió en su Sangre salvífica. Desde entonces el vino de consagrar está unido a la evangelización que la Iglesia Católica llevará por todo el mundo entonces conocido hasta nuestros días. La Eucaristía es el sacramento central de la fe católica.

La medicina actual recomienda que un vaso de vino comiendo es saludable a diario, evitando el enganche con la embriaguez como signo de libertad y conciencia de no ser esclavo de ninguna droga, y el alcohol lo es con todas las de la ley.

Los locales de la hostelería son lugares de convivencia, tertulia, descanso e intercambio cultural que, una vez que la crisis económica va pasando lentamente, han vuelto a reabrirse como un modo de autoempleo dejando las listas del paro laboral tan duras de salir de ellas.

Parece que comienza el español medio a invertir un poco de más dinero en su salidas por bares y terrazas veraniegas. Las patronales del sector confirman el dato y sospechan, salvo sustos de última hora, que el incremento de la apertura de locales es imparable y el consiguiente paso de los españoles, por ello se supone que no se han perdido las viejas costumbres de nuestros antepasados, cuando existía en el viejo Jaén una ruta de tabernas por el casco antiguo que pugnaban por ofrecer una cerveza, un vaso de vino y la inseparable tapa, procurando que su precio no fuera un impedimento para que los clientes huyeran sufriendo una puñalada en las espaldas para no volver por aquellas puertas.

El mundo de la hostelería merece un mimo por parte de los poderes públicos sin sangrar con impuestos absurdos, ni medidas tan inútiles como tontas, por ejemplo, legislando la distancia que debe haber entre una mesa y otra y los sillones correspondientes en las terrazas, algo propio de munícipes deseosos de meterse en la libertad individual, regalo tan divino que nadie debe pisar en nombre de ninguna ideología antigua o moderna.

La cultura oral, tan mediterránea, tiene lugar en torno a la mesa de un café o taberna, por lo tanto si tenemos tantos locales por habitante, es para darle gracias a Dios, que aún podemos transmitir nuestros saberes sin tener que escondernos en ningún rincón.

Tomás de la Torre Lendínez

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