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Fernando Lugo a su casa

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Cuando alguien no es honrado en lo poco, tampoco es honrado en lo mucho. Si se vive una doble vida, antes o después aparece la esquizofrenia demostrando que no se es apto para ocupar semejante puesto.

Así ha ocurrido con el expresidente de Paraguay, Fernando Lugo, que antes fue obispo en aquella nación hermana, y hoy ha sido destituido por el Senado del país.

Durante su servicio episcopal dejó mucho que desear con su conducta jugando a dos barajas, teniendo una doble personalidad y mintiendo al pueblo al que decía servir. Todo el pastel se descubrió justamente, cuando se postuló a ocupar la presidencia de la nación paraguaya.

La Santa Sede actuó rápido reduciendo al estado laical a una persona poseedora de una esquizofrenia imposible de sostener en la vida

Quien no tenía cualidades para ser pastor eclesial, tampoco las ha tenido para ser el primer mandatario del país, aunque, como siempre pasa, engaña a los seguidores de su gestión que ha sido nefasta según el resultado de la votación celebrada por los miembros del Senado cuando ha sido sustituido por la mayoría absoluta de los presentes.

Desde la teología de la liberación marxista no se puede dar un salto de una silla episcopal a un sillón presidencial. El cepazo que se ha pegado Fernando Lugo demuestra, una vez más, la inutilidad de esa teología que era la que sostuvo su paso del campo eclesial al político.

Desde aquí, ruego a todos los lectores amigos, que recemos al Señor por esta hora histórica de Paraguay, para que haya paz y convivencia social, y que la transición política en manos ahora del vicepresidente Federico Franco, se haga con paso legal firme y el respeto entre todas las instituciones para que no sufra el pueblo paraguayo.

Descansen, también, en paz los muertos de los disturbios de los últimos días, que han sido el detonante de la esquizofrenia de Lugo y su impotencia para ocupar un cargo que le era grande lo mismo que cuando estaba en la orilla eclesial.

Tomás de la Torre Lendínez

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