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España en la boca real

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Es la primera vez en mi vida que alabo al Rey de España por serlo de España. Su discurso de anoche fue magistral en la hora crucial que atraviesa la nación más antigua de Europa. Algunos colegas míos dicen que tuvo poca referencia a los símbolos navideños y que hizo poca referencia a la Navidad. Para mí eso es secundario ahora mismo. El Rey habló lo que pensamos millones de españoles, que hemos votado el domingo pasado, sobre algo tan sencillo como nuestra fe en España, su historia, sus gentes, sus villas, pueblos y ciudades. Sobre sus horas amargas y negras, de las que siempre hemos salido, porque somos un pueblo hambriento de que nos recuerden las verdades sobre nuestro orgullo de haber nacido en esta gran patria llamada España. La mejor prueba que el discurso real fue desafiante, valiente y esperanzador, está en el morro retorcido que han puesto todos los que odian a España, los que desean tomar unas tijeras para partir el mapa en un puzle, que no sepa unirlo ni la madre que parió a quien tiene esas tenazas en las manos. El discurso real, desde la orilla católica, solamente le faltó citar a los obispos españoles, quienes, antes de entrar en el buenismo cobardica, dijeron a las claras que con la unidad de España no juega nadie, porque es un bien moral donde nos beneficiamos todos los que tenemos sangre y ciudadanía española. Desde ahora que nadie venga a vendernos la partición de España, el discurso real ha marcado el camino. Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios
0 comentarios en “España en la boca real
  1. La Iglesia en CVII cambia su posición de la tolerancia por pluralismo ya que renuncia a la idea del estado confesional, no por motivos estratégicos sino porque considera que, aunque aceptar el pluralismo pudiera parecer poco cristiano, en el fondo es más cristiano que la tolerancia.
    En el pluralismo está el respeto a la dignidad de la persona radicada en su libertad de decidir su camino, aunque en la tolerancia esté la verdad.
    Según Rawls, se trataría de delimitar un sector específicamente político, en el que se pudiera lograr lo que llama “consenso entrecruzado”. Todos podrían coincidir aquí y se permitiría la convivencia. Fuera de este marco político, cada uno puede pensar lo que le parezca.
    Para convivir la única alternativa es el consenso. Y no es relativismo.
    En estas votaciones estaba en peligro la propia convivencia básica de los españoles: el bien común.
    Este era el foco de la votación.
    Creo que la prensa católica ha descentrado el problema. De unidad de España se ha hablado muy poco, ese valor básico necesario mínimo para convivir que era lo que estaba aquí en juego.

  2. Pues si la Navidad es secundaria para un cura apaga y vámonos. Hombre… creo que se puede expresar gozo por un discurso del Rey o de otra personalidad sin necesidad de alterar la importancia que tienen las cosas y, crealo padre, España está hecha unos zorros porque desde hace muchos muchos años la gente empezó a colocar la Navidad, el viernes Santo, el Corpus etc., etc. Al principio en un segundo lugar, después, con las crisis en tercer lugar, más tarde con los repuntes de bonanza en cuarto lugar… y aquí tiempo después las Iglesias medio vacías, los enemigos de España crecidos y los «amigos» de España queriendola enterrar para hacer una nueva nación donde, crealo padre, usted será anécdota del pasado en el proyecto que se avecina.
    La Justicia, ya sabe, la de la virtud cardinal, es «poner» las cosas en su sitio. Estamos en Navidad, se supone que el discurso del Rey en esta fecha, hasta hace cuatro días era el discurso de Navidad del Rey, no el discurso del solsticio de invierno (no me consta que en el solsticio de verano haga discurso semejante) ni el discurso liberal centrista del Rey. Si la Navidad fuera lo primero en las mentes y corazones de los españoles las corrientes disgregantes de la nación española serian anécdota. Pero, en efecto, tal como conversabamos hoy en la comida familiar navideña, para muchos clérigos la Navidad, Cristo y la Iglesia han pasado a ser cosas que pueden esperar. Yo no sé usted pero yo en la Navidad no veo ningún SÍMBOLO. Cierto es que hoy todo resulta ser simbólico, hasta la Eucaristía…
    A mí no me ha gustado nada no hacer mención expresa a lo que celebramos anoche, que es el acontecimiento más grande no para España o el español, sino para la humanidad. ( debe se que soy lo que ahora llaman ultra católico)

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